POMPAS DE JABÓN


Mi nieta Miranda, juega con Chimi, el gatito que le regalaron y está en pleno crecimiento, camino a convertirse en todo un señor gato, que es negro, de ojos color amarillo verdoso o verde amarillento, inquieto, veloz y juguetón como todo gato pequeño que se respete…

Cuando llegó, era poco más que una bolita oscura con orejas enhiestas, ojos redondos y brillantes, dormilón y apocado, pero ahora un poco más crecido, sigue siendo dormilón (lo que es felinamente natural), pero hace cabriolas, destroza cuanto papel encuentra y si por casualidad queda abierta la puerta del baño, desenrolla íntegro el papel higiénico y hace de esa maraña su juguete.

Miranda es evidentemente su mejor amiga y aunque sospecho que los excesos cariñosos de la nieta lo incomodan un poco, se deja abrazar, cargar, querer y escucha con paciente estoicidad la retahíla de epítetos que su amiga le dedica mientras está despierto y es apapachado.

Me parece que uno de los juegos que más le atrae y gusta, es cuando Miranda hace pompas de jabón y él, admirado, empeñoso, trata de atrapar las efímeras esferas irisadas que vuelan ingrávidas cerca. No sé qué pensará que son, pero le gustan, evidentemente y debe ser porque todo lo que se mueva por el suelo o el aire es, luego de una observación minuciosa, objeto de su veloz reacción atrapatoria.

Chimi, pequeño, negro, atento y veloz, gusta de las burbujas grandes y transparentes de jabón que su amiga le obsequia, así como nosotros disfrutamos de los ensueños que                 – maravillosos- por desgracia se esfuman, dejando una realidad algo aburrida.