TINKER TOY


Sí, “Lego” es algo maravilloso, entretenido, instructivo, desafiante. Chicos y grandes son sus “fans”, pero especialmente los chicos que encuentran en él un vehículo para desarrollar sus fantasías…

De niño yo tuve un “Tinker Toy” que era todo de madera: rueditas con agujeros en los que encajaban perfectamente palitos de diferente largo, que me servían para construir sueños y desafiaban la imaginación.

¡La de horas felices que pasé con mi “Tinker Toy” …!

Recuerdo que llevaba su caja tubular de cartón con base de metal, allí, en la casa grande de Ayacucho 263, en Barranco, que tenía dos terrazas – una en cada piso- una sala grande, una sala más pequeña donde estaban la radio y el tocadiscos y un hall muy espacioso, que era bien fresco en verano por las losetas de su piso, e ideal para pasar gran cantidad de tiempo armando mis sueños…

El “Tinker Toy” era de una sencillez extraordinaria. No requería ninguna herramienta, solo algo de destreza y eso sí… ¡mucha imaginación! Ni siquiera tenía colores que definieran algo*, aunque las rueditas, si mal no recuerdo, eran de un tono de madera ligeramente diferente al de las varillas que las unirían.

Tal vez mi padre, ingeniero civil y mecánico-electricista, quería con ese juguete que yo desarrollara pequeñas habilidades constructoras, pero nunca soñé con seguir sus dos profesiones, sino que fui publicista y el “Tinker Toy” me ayudó –estoy seguro- a construir situaciones y a “armar” mentalmente avisos y comerciales que después se convertirían en realidades, efímeras, por la cambiante velocidad publicitaria, pero que miles de personas verían y de las que tomarían consejo.

Puedo decir sin dudar que el “Tinker Toy” fue mi juguete preferido, hasta que –otra vez gracias a Manuel Enrique, mi padre- descubrí los libros y que era más entretenido poner una colchoneta en la terraza de abajo (que tenía techo) y con un libro de Mark Twain, Julio Verne o Emilio Salgari, dejar volar a la “loca de la casa” –como le llamaba Santa Teresa a la imaginación- por las selvas de Borneo, el océano Índico, o acompañar a Huckleberry Finn o quizá sumergirse para un viaje maravilloso en el Nautilus, o curiosear un tomo del “Tesoro de la Juventud”, encuadernado y sólido, con las tapas forradas con tela verde y páginas de papel cuché, para descubrir qué era el feldespato de Islandia o entretenerse con la sección “El libro de los por qué”…

Imagen: writerwoman61.wordpress.com

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*El de la ilustración debe ser uno más moderno que el Tinker Toy que yo  tuve.