EL DRAGÓN


Soñó que alimentaba a un dragón, de esos que en las historias echan fuego por la boca y que cuando la abría para pedir comida,  un brillo rojizo la iluminaba y una vaharada de aire caliente le golpeaba el rostro.

 

Con una pala recogía el alimento y la echaba, llena, unas diez veces, en las fauces abiertas, que como las puertas del infierno, provocaban que el sudor le empapara el rostro y si hubiera estado con camisa, esta hubiera quedado totalmente mojada, porque su cuerpo entero transpiraba, el torso brillante con el color rojizo que el interior del ser que alimentaba producía…

 

Soñó que el dragón tenía como nombre un número: 666, el número de la Bestia y que cuando creía haber acabado y el dragón cerraba la boca y la oscuridad reinaba, al poco tiempo la volvía a abrir, pidiendo más comida y todo empezaba de nuevo…

 

El fogonero despertó sudando y al mirar el reloj vio que se había quedado dormido y llegaría con las justas a su trabajo, porque el tren salía todos los días a las 6 de la mañana.