DIEZ


Era alumno de un colegio que daba a la religión una gran importancia y a él eso de los 10 Mandamientos se le hacía un lío, porque nunca acertaba a decir cual era el tercero o el séptimo… Eran diez, tenían un orden y él, pésima memoria. Siempre apuntaba, pero cuando necesitaba consultar, no se acordaba dónde había metido el papelito.

Las clases de religión eran su tortura y se cambiaba de lugar cada vez que tenían una, tratando de sombrearse y pasar lo más desapercibido posible, no fuera a ser que le preguntaran algo como “¿Cuál es el quinto…?” y enmudeciera o contestara mal, quedando como palo de gallinero…

Lo de los 10 Mandamientos y su imposibilidad para decirlos del primero al décimo y de este al primero, o recitarlos salteados, como hacían todos – menos él – en el aula, era su trauma.

Pasó el examen escrito de religión, copiando y rezaba para que no lo llamaran a dar examen oral, cosa que no ocurrió y él atribuía a sus rezos y a que tenía la mano izquierda metida en el bolsillo del pantalón, acariciando un trébol de cuatro hojas que había encontrado en una maceta de su abuela, en la casa…

Los 10 Mandamientos fueron siempre su némesis, el castigo de los dioses, porque nunca pudo con ellos y el asunto se terminó volviendo una obsesión tal, que el número 10 lo asustaba, le producía tiraría, lo evitaba siempre que podía… ¡Hasta le agarró odio a Maradona!

Pasaron los años pero su obsesión no y fue a consultar con un amigo psicólogo para ver si lo ayudaba; le contó todo y su amigo lo miró a los ojos y sonriendo, le dijo : “La raíz de todo está en esos 10 Mandamientos con los que nunca pudiste… Es sencillo: ¡Cambia de religión!”

Primero creyó que era una broma y rió, pero se quedó pensando, conversó de otras cosas y se fue rumiando la respuesta de su amigo. Al llegar a casa lo llamó por teléfono y le preguntó:”¿Y si me hago agnóstico…?” La respuesta fue que no, porque debía llenar el vacío religioso con otra religión que no tuviera esos 10 Mandamientos.

Después de mucho pensarlo, escogió algo moderno y fácil… Se hizo creyente de la Iglesia de la Cientología y felizmente no se fijó que Cien era 10 veces 10.