EL SANTITO «CUICHI- CUICHI»


Oía tanto a su abuelita mencionarlo, que estaba convencida de que desde el cielo escuchaba sus oraciones y debía ser muy milagroso, porque además de su abue, su mamá lo mencionaba bastante también…

El no se atrevía a preguntar porque cuando lo hacía, la respuesta era que no fastidiara o que era algo para mayores, que no entendería…

El santo para ella, de tan mentado, era bien familiar, casi un juguete bonachón y peludito, como su perrito Bori, el peluche con el que dormía abrazada.

Estaba segura que el santo no se molestaría si ella le hacía «cuichi-cuichi» en la barriga con el dedo, porque era blando, blandito…

San Blando, su santo de confianza, que hasta tenía un día según su abuelita y su mamá y que ella no sabía cuando era, pero mejor ni preguntaba…