ALTURO


No hay ningún error y no es Arturo el nombre de quien trata esta historia, sino Alturo, con “l”…

Al nacer era un bebé grandazo y sus padres pensaron que con el pasar del tiempo sería un tipo alto y después de mucho pensarlo, se pusieron de acuerdo para llamarlo Alturo, nombre que desconcertó al párroco que quiso corregir lo que él pensó como error de los papás, pero se encontró con que sabían bien que era una “r” lo que querían como segunda letra en el nombre de su hijo.

Alturo fue Alturo y su abuela Pía, madre de la mamá, que era devota encarnecida en honor a su nombre, vio en el nombre un futuro de alturas religiosas y podría ser que su nieto, con oración y ayuno, una vida ejemplar y un poquito de suerte (se santiguaba aquí con una mano doña Pía y cruzaba los dedos en la otra) llegará a las alturas de un altar y fuera declarado santo.

Aluro creció alto y su cabeza descollaba siempre, aunque fuera el último de la fila cuando todavía estaba en el colegio; la vida fue pasando y doña Pía murió sin ver nombrado santo a su nieto, que ella siempre creyó predestinado, mientras que a él le parecía que su abuela era un poco tocada; la cosa es que no se sabe por qué, o por llevar la contra a su abuelita, Alturo se hizo evangelista y es de todos sabido que los evangelistas, no creen en los santos.