INYECTABLE


“Es la hora de su inyección” le oyó decir a la enfermera y puso cara de resignación porque sabía que cada día, desde que se acordaba, sucedía lo mismo y venían a ponerle la inyección consabida.

Era un pinchazo en la nalga, que ya parecería un alfiletero, pero por lo menos las turnaba y por suerte tenía dos, no dolía; la eficiencia de la enfermera que solo decía “¡Listo!” después de ponérsela , era notable y siempre era el mismo rápido hincón indoloro.

Si hubiese podido ver lo que le inyectaban, tal vez se hubiera dado cuenta del color, pero en los anteojos que tenía puestos, firmemente asegurados a la cara sobre sus ojos y que eran en realidad dos pantallas de televisión, “Las Aventuras del Ratón Mickey” prometían un nuevo y divertido capítulo…

El líquido ámbar de la inyección estaba en un recipiente de vidrio, tras una puerta herméticamente cerrada, también de vidrio, que se abría automáticamente a cierta hora para permitir cargar la jeringa y tenía un letrero en el que se leía “VIDA /EXP. 2078”.

Otra vez, si hubiese podido ver, habría visto al robot-parlante-enfermera, cuyas únicas palabras grabadas eran “Es la hora de su inyección” y “¡Listo!” y también quizás se diera cuenta de que era el único ser humano que mantenían vivo los que vinieron en la noche.

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.