NACA LA PIRINACA*


Cuando le dijeron que NO por tercera vez, le dio una rabieta de padre y señor mío, tiró al suelo todas las latas que había en la góndola del supermercado, pataleó echado en el piso llorando de rabia y terminó, con su mamá avergonzada, sentados en una banca, al lado de una puerta que en el vidrio opaco, tenía pintada en negro, la palabra
“ADMINISTRADOR”…

Esa fue la primera vez que un extraño le reconvenia primero y ante su rabieta vuelta a empezar con gritos, mocos y estertores, se quedaba callado, para después gritar un “¡BASTA!” que sonó como un pistoletazo, dejándolo mudo y retrepado en el asiento que estaba frente al escritorio del señor con bigote.

Las rabietas co tinuaron a lo largo de los años, pero sólo si las víctimas de sus furores eran mujeres, porque su experiencia primera con los hombres era que estos no entraban en vainas y él se asustaba mucho.

Creció, dominador y engreído, evitando eso sí, aparecer así cuando no le convenía, buscando ocasiones propicias que le permitieran dar rienda suelta a sus malos genios y desplantes…

En su enamoramiento, noviazgo y primeros días de matrimonio fue pura miel sobre hojuelas, hasta que un día se le ocurrió que la sopa del almuerzo estaba fría y el vaso con agua, tenía un pelo. Como estaba grandazo para hacer una rabieta y tirarse al suelo pataleando, optó por aguantar la respiración hasta ponerse casi morado y gritarle a su esposa que estaba en la cocina: “¡Esto es una basura, me vas a mataaaarrr… ! “¡Brujaaaa… !”, y tiró el vaso al suelo.

Su esposa, bonita y echando llamas por los ojos, se paró bajo el dintel sobre el que había una reproducción de”La última cena”, le tiró un trapo y mascando las palabras, le dijo:”¡Buja será tu madre…! ¡Limpia…!”

Él creyó oír un “¡Carajo!” adicional y calladito agarró el trapo pensando :”¡Esta mujer parece hombre…!”

*O sea, ¡NO!