HIRSUTO


Llamarse Hirsuto y ser calvo como una bola de billar era un contrasentido, pero fue el nombre que le pusieron, porque al nacer tuvo bastante cabello que era duro y tieso como cerdas y si bien a su madre no le gustó entonces ni nunca que nadie se burlar a de la característica capilar de su retoño, cuando el padre oyó la palabra de labios del médico que asombrado decía “¡Qué pelo Hirsuto…!”, que preguntó si era algún defecto de nacimiento y cuando el galeno riéndose se lo explicó, le sonó tan bien la palabrita y le gustó tanto, que la repitió montones de veces y cada vez que miraba a su hijo con la pelambrera oscura, dura y tiesa, murmuraba “Hirsuto…”, y sonreía tierno y le parecía un buen nombre, porque significaba algo y además parecía africano y aunque no había ni un solo rastro de zambos ni de crespos en la familia, era un nombre que sonaba a extranjero, era exótico y daba prestigio, sobre todo si los apellidos eran comunes, como Pérez y Gómez.

Hirsuto fue Hirsu, Hirsutito y Tito mientras fue creciendo y sobrellevó su nombre-definición inclusive al punto demostrarse orgulloso, porque su padre le decía “Hirsuto El Africano”, aunque el niño fuera más bien blanco y pecoso.

Pero como dice la canción de Rubén Blades, “La vida te da sorpresas…” e Hirsuto se fue quedando calvo hasta que se convirtió en un contrasentido, con la cabeza totalmente pelada y un nombre que creía africano y no tenía, en él, ningún sentido.