ANTIOCO


Se llamaba Antioco, sin acento porque así lo inscribieron, porque la ortografía no era el fuerte familiar y porque tampoco le daban importancia en el pueblo, donde casi nadie sabía leer o escribir, pues era mucho más importante que la cosecha de papas fuera buena…

El nombre lo puso el papá, que tiempo atrás aprendió los rudimentos de una lecto-escritura que pasó al olvido sin pena ni gloria; lo que sí le quedó profundamente grabado, fue el nombre de Antioco, al cual no recordaba con ningún acento, pero sí por la sonoridad fácil y que se acordaba de él cuando decía poco, loco o moco.

Antioco, sin acento, creció desganado, sin interés por nada y sin preocuparse por la cosecha de papas. No comía mucho, no jugaba y solamente miraba por la ventana como…, eso un niño desganado y apático…

Resulta curioso observar que la falta de acento en su nombre parece haber producido esa conducta, que se caracteriza porque su vida tampoco tenga ningún acento y prediciendo un futuro aburrido.