PASARON LAS GRULLAS


Sí, es el título de una película soviética de 1957, muy premiada, un verdadero clásico del cine, que narra magistralmente algo en apariencia sencillo, como es la separación de unos amantes…

Bueno, para mí pasaron las grullas, o sea pasó el tiempo y la tecnología se fue alejando poco a poco, dejándome perplejo y muy atrás…

En lo que ahora es un ayer cada vez más distante, el que suscribe estuvo al día con la tecnología de la computación, como usuario por supuesto, y tenía lo último que podía conseguir en materia de “gadgets” (chirimbolos) que asombraban a los legos, proporcionando fama de entendido a un servidor.

Todo empezó, creo, cuando le dí de baja a mi teléfono celular Nokia Communicator, que a sugerencia de mi amigo Lucho, pasó a formar parte de la colección que tiene el Museo de la Tecnología de la Universidad Católica del Perú…

De ahí, casi sin darme cuenta, o sin quererlo admitir, he ido “cuesta abajo en la rodada”, como dice la letra del tango, perdiendo “actualidad cibernetica” y relegando a mis saberes computacionales al desván de un pasado que cuando presente, brillaba de lo nuevo que era…

Por ejemplo, mis amigos de toda la vida, compañeros de la promoción ’63 que empezamos juntos en el colegio el año 1952, en el siglo pasado, se reunían por medio de la aplicación Zoom -China, por supuesto–en un “desayuno virtual” que prometía traer a Juan desde Indonesia, a Giuse desde Italia, a los varios que viven en USA, no sé si a Eduardo desde Canadá y a Willy desde Costa Rica (si me olvido de algún “extranjero”, que por favor me perdone)…

Yo me preparé y como en esta cuarentena solo dispongo del teléfono celular – Chino, por supuesto–porque mi PC se quedó en casa, debido al traslado rápido a casa de mi hija para cuarentena allí, o sea aquí, Alicia María me ofreció usar su laptop para mayor comodidad visual e ingresó los datos que recibí por celular, pero le salió que la contraseña no era válida; tratamos con mi celular y sucedió lo mismo. Lo hicimos varias veces , laptop-celular, celular-laptop, laptop-celular, cel…, nos rendimos y volví a calentar el café que se había enfriado, envié por celular a mail y whatsapp mi columna del blog “manologo” , tomé despacito el café pensando en que mis amigos zoomean y yo estoy como si no me hubieran dejado salir a recreo para intercambiar las figuritas del álbum que todos coleccionamos… ; ellos se reunieron virtualmente y yo no pude estar allí.

Bueno, la tecnología me dejó, como decía al empezar, atrás, muy atrás y me viene a la memoria el que hace un montón de años un taxista que me llevaba de la agencia adonde un cliente, después de un rato de silencio, me preguntó si yo era Manolo Echegaray y dijo que seguro que no lo conocía, pero él había sido director de arte – y mencionó una agencia de publicidad– pero que se había ido a Venezuela, donde le fue muy bien, hasta que “entró” la computadora y él que no quiso aprender a manejarla, se fue quedando sin trabajo, por lo que decidió regresar, pero que para asegurarse, con la plata ahorrada compró aquí tres autos, “usaditos nomás” y dos los alquilaba, mientras taxeaba en el otro…

Le ganó la tecnología al director de arte -taxista- como a mí, con la diferencia que hoy el avance es mucho más eloz y uno, con los años se va poniendo más y más lento…

Seguiré escribiendo mientras pueda, haré esfuerzos por no retrasarme demasiado, pero no me voy a desesperar porque sé que la tecnología a la larga va a ganar la carrera, aunque siempre vendrán otros que tendrán la ilusión de estarla aprovechando, hasta que los deje botados en la cuneta…