HISTORIAS DE CAFE


Si no me equivoco, el título no es original, porque hay otros iguales, pero es que cada uno tiene sus propias historias y el café también tiene la suya, estoy seguro que mucho más larga y entretenida que cualquier otra, pero aquí voy a contar historias pequeñas y personales…

Mi relación con labebida oscura, no sé bien cuando empezó, pero supongo que sería en los últimos años de secundaria.. Poco a poco me fui aficionado y después el café presidió el inicio de mis mañanas, coronó almuerzos y cenas, marcando momentos a lo largo del día y no preocupándome para nada el no dormir de noche, porque dormía como un bendito y siempre estuve seguro que los benditos también toman café…

De la Escuela de RRPP y Turismo donde empecé a estudiar) y como otras cosas no terminé de hacer) guardo el recuerdo de los amigos, las conversaciones con ellos en “La Tavernetta”, café y restaurante del jirón Puno, al frente de la Escuela, cuyo propietario Baldo Baldi nos toleraba y servía café…

A eso de las 12 del mediodía, nos mufabamos al “Goyescas”, que estaba en el portal de la Plaza San Martín, esquina con el jirón de la Unión, ge realmente Fernando, Myrtha, Beatriz, Freddy y yo, donde Virgilio y Pedro, los mozos, no solamente nos toleraban con nuestros “un café por favor…” sino que si el dueño, un español, no estaba, acompañaban nuestro café con tajadas generosas de verdadero chorizo español que NO nos cobraban y pan baguette tostado…

Allí sentados frente a la gran ventana que miraba al portal, veíamos a la gente que pasaba y tejíamos historias acerca de ellos y estoy seguro que si las hubiéramos escrito, podrían haberse convertido en novelas…

Cuando empecé a trabajar en la Municipalidad de Lima, allá por el 66, comenzaba la mañana con un exprés en el café Haití del centro de la ciudad…, luego, las largas conversaciones de café cuando estuve en el Teatro de la Universidad Católica (donde no estudiaba), dieron paso a mi matrimonio, con cafés no compartidos, porque a Alicia le gusta el té…

A continuación, la publicidad me ganó para sus filas y el café empezó a marcar mis pausas creativas, humeando en tazas, mugs o vasos de papel…

He contado en alguna otra parte, que hubo un tiempo largo en el que compartí mi inicio de jornada con Julio, el buen amigo que era gerente de otra agencia de publicidad y varios exprés, además de conversación y humo, en el café Haití, pero de Miraflores, convirtiendo algo después la vereda del café , en una tertulia cafetera de una hora, donde llegamos a ser diez o doce, entre publicistas, periodistas y clientes de la agencia que dirigía Julio o de la mía. A las 9 todos nos íbamos y no quedaba nadie para que no hablara mal de ninguno de los contertulios …

Ahora Julio y más de seis de los amigos cafeteros del Haití, están animando alguna mesa de café en el Barrio Eterno y el mozo acomoda las sillas porque los que faltamos por llegar, estamos en camino…

Hay muchas más historias de café, como las que viví, trabajando en Colombia, la tierra del café por excelencia de esta parte del mundo, donde mi esposa le dijo a un mozo que le ofrecía “un tintico” después de almorzar, que “no gracias, porque me da sueño… “, dejándolo patitieso y sin entender como es que el café le daba sueño a la señora, mientras ella creía que amablemente, le estaban ofreciendo un tinto, …¡pero vino!