EL MUERTO NO ES UNA BARRA


A mis alumnos de comunicación publicitaria les comentaba siempre que del periodismo, tal vez lo mejor que aprendí, había sido la frase “Un muerto, una historia; un millón de muertos, una estadística”.

No soy ni pretendo ser periodista y soy solamente uno que escribía para publicidad, pero esa frase que me impactó, hizo que viera muchas cosas de distinta manera.

Estamos acostumbrados a mirar estadísticas, es decir números y barras de colores que indican más números. Esto lo vemos a diario en los medios y desde el gobierno nos hablan de “cifras oficiales”; lo malo es que la estadística y los números son absolutamente fríos, asépticos diría.

La frase queda en eso y preferimos leer solamente la segunda parte, porque un muerto nos conmueve, nos atañe, pero un millón de muertos es una cifra, un montón de muertos, una simple barra de color en un cuadro estadístico…

Nos hemos insensibilizado a punta de cifras y estadísticas y tal vez nos llamen la atención y horroricen, o quizá nos llamen a escándalo, pero son cifras, barritas de colores y casi de innmediato pasamos a otra cosa: total, las estadísticas están en por todas partes.

Esta pandemia, además de matar y destruir, tiene como efecto un auge numérico /estadístico que nos deja fríos y hace que el horror y la pena que una muerte produce, se diluya en algo que se puede aplicar a la producción de automóviles o a la última cosecha de papas.

Un millón de muertos, como realidad, se convierte en una noticia más, que a fuerza de repetición se hace habitual y se cambia de canal en el televisor o se pasa la página del periódico porque es algo “que ya se sabe”.

Nos hemos convertido en simples lectores, mirones, de la muerte y la tragedia de “otros” que sentimos lejanos, estadísticos… Eso va a suceder hasta que esos “otros”, sean nuestra propia familia, nuestros buenos amigos.