BASUREROS


En una encuesta escolar a la que respondió mi nieta sobre la importancia de quienes sirven a la comunidad como médicos, enfermeras, personal para médico auxiliar, bomberos, policías y recoge dores de basura, entre los encuestados de Miranda que respondieron por teléfono, whatsapp, o de viva voz (como su madre y nosotros, su abuelos maternos) salieron ganadores, con más menciones o “votos”, los recogedores de basura.

Este hecho que sucede en pequeñísima escala (con no más de diez encuestados por niño), me ha hecho pensar que se está operando un cambio, que ojalá cuaje y sea significativo.

Los basureros o recogedores de basura, siempre fueron percibidos como el escalón más bajo entre quienes prestan servicios comunitarios, siendo prácticamente invisibles a pesar que sin su trabajo, la sociedad no funcionaría normalmente.

No es que se trate de minimizar la importancia que los médicos, otros profesionales de la salud, bomberos o policías, pero me parece de capital importancia que se visibilice y valore un trabajo que es peligrosamente insalubre y absolutamente ignorado por quienes piensan que es una función que opera en forma automática y repito, es invisible o ignorada, cuando no repudiada por considerarla repugnante.

Esta valoración de quienes cumplen con un oficio necesario y poco menos que despreciable que se da en tiempos como este, me hace creer que no todo está perdido y que es como una florecita que crece en una grieta de la vereda de cemento.

Hace un par de días escuché ruido fuera, notorio por la costumbre de silencio de la cuarentena, y vi a un grupo de trabajadores con mascarilla, anteojos, casco, guantes y chalecos de color naranja que se afanaban alrededor de un camión de tolva cerrada y una fila de personas con bolsas negras de basura, que iban entregándolas para que fueran depositadas en el camión ompactador.

Hasta ahí una escena que parecía de película, pero al poco rato, la gente empezó a aplaudir, mientras los hombres del chaleco naranja, al lado del camión, levantaban los brazos agradeciendo y por ahí empezaron gritos de “¡Vivan los basureros…!” y esto me pareció hermoso, justo y esperanzador…