Diluvio – Luis Buñuel


Llovía. Diluviaba. Algo más que torrencialmente. Diluviaba oceánicamente: nadie podía esperar que un mar pudiera viajar así, como un avión, de un planeta a otro. La atmósfera se había transformado en un mar sin peces. Se hallaba próximo el instante en que estos iban a poder salir tranquilamente de los estanques para pasearse por la […]

Diluvio – Luis Buñuel

EL DILUVIO QUE SE VIENE*


“¡Después de mí, el diluvio… !”, dijo secándose el sudor y mirando las enormes, gigantescas cifras que su labor había producido, se quitó la corona, que en realidad le pesaba y molestaba algo porque desde hacía un tiempo se resbalaba y le tapaba la vista por lo que había adelgazado de tanto trajín.

Su éxito resultaba en verdad problemático porque cada vez eran menos y no había nadie a la vista; con la corona en el piso se acurrucó y sintió que se moría de hambre.

En la Tierra ya no quedaban humanos y el virus supo que era el fin: entonces, empezó a llover.

*El título está basado en el de la novela y luego obra musical de teatro, que apareció a principios de los 70.

EL AÑO QUE VIVIMOS EN PELIGRO


2020, el año del Covid 19, o sea este año que no termina y pareciera que no lo hará nunca…

Claro, que el título es el de una película romántica cuya acción ocurre en Indonesia, pero me pareció adecuado para este post, aunque el tema sea lo menos romántico que hay…

También es cierto que en él se usa otro tiempo verbal, como si todo hubiera acabado ya y mirarámos hacia atrás, como sobrevivientes, cuando el serlo es ahora solo una posibilidad, una esperanza que se abriga y depende de un “algo” que no tiene cerebro, pero principalmente de nosotros, seres humanos con cerebro, aunque a veces parece que no lo tuviéramos…

Estamos viviendo en peligro y no nos queremos dar cuenta que esto es real, no una película romántica que vemos cómodamente sentados frente al televisor; lo digo porque veo en las noticias a mucha gente caminando por las calles, a personas – verdaderas multitudes- que abarrotan los mercados y grupos de amigos reunidos charlando despreocupadamente y tomando unas cervezas en cualquier esquina, o en el techo de alguna casa…

Todo esto, mientras otras personas mueren contagiadas y los médicos, los policías y muchos más de los que están en la primera línea atendiendo a personas como ellos para que no se mueran, arriesgan sin pestañear sus vidas.

Todo esto mientras el presidente,casi a diario, da cifras de muertos, de contagiados, de como, casi desesperadamente, se enfrenta a lo que ha dejado de ser una amenaza de ciencia-ficción para convertirse en una realidad mortal…

Pareciera que algunos fueran atraídos por el vértigo del abismo, hicieran equilibrio caminando por el alambre sobre las cataratas del Niágara, o se sintieran inmortales y dueños de burlarse del resto del mundo…

No se dan cuenta que pueden morir y lo que es peor, matar a otros que ni siquiera sospechan su destino fatal e inmediato.

Sí, finalmente todos vamos a morir pero creo que no es justo que nos maten un asesino sin cerebro y sus descerebrados cómplices.