CALENTAO


Cuando chico, mi padre tomaba «la horizontal» que yo creía una pastilla y en realidad era la siesta, cosa que conté ya en este blog hace bastante tiempo.

El otro día almorzamos como «primer plato», lo mismo que habíamos comido la noche anterior, porque quedó suficiente, nuestra hija lo guardó en el refrigerador, para el almuerzo lo calentó en el microondas y voilá, «calentao» en la mesa!

De inmediato recordé que cuando chico siempre me intrigó que mi padre, a veces, comiera lo que él y mi madre llamaban «calentao» y que no era sino algo que había quedado de la comida; claro que no teníamos refrigerador y el horno de microondas ni siquiera estaba en los cómics, porque su inventor no había nacido…

La comida era calentada en un hornillo marca «Primus» alimentado por ron de quemar y mi padre no murió de envenenamiento por comida pasada o malograda, sino de un infarto al corazón, más o menos 75 años después…

Nota al margen: el «calentao» a mí me supo mejor que el plato original y a Miranda, nuestra nieta, le encantó.

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O SOLE MIO


El sol se resiste a dejar que el gris invernal y el airecito frío, húmedo y portador de esas minúsculas gotas de lluvia que se llaman garúa limeña, se enseñoree como todos los años de una ciudad en la que sus habitantes no se animan aún a sacar de los cajones la chompa que abrigue de mañanas neblinosas y tardes de vientos traicioneros…

No se va el sol y como todos los años, el limeño mira desconfiado e inquisitivo al cielo, preguntando donde se escondió el color panza de burro – del que don Héctor Velarde escribía – el del invierno que no acaba de llegar porque los calendarios indican que es otoño, esa ficción climática…

Hay sol, es otoño mentiroso e invierno chiquito que promete, en la Ciudad de Los Reyes, la Ciudad Jardín o como la llamaba premonitoriamente Sebastián Salazar Bondy, Lima La Horrible.

SE DESTAPA LA CAJA DE PANDORA


La mítica caja de Pandora que contiene todos los males y desgracias de este mundo se ha ido abriendo para dejar escapar muerte en sus más variadas y terribles formas, guerras, terremotos, genocidios, inundaciones, plagas, hambruna y todo lo que se pueda imaginar… ; ahora, el COVID 19 viene a coronar, y tal vez de ahí el nombre de coronavirus, esta monstruosa e incesante sucesión de calamidades…

La caja de Pandora no se abrió de golpe, insisto, sino que ha ido dejando escapar poco a poco su letal contenido desde hace mucho tiempo y los hombres, que primero se asustaban, fueron acostumbrándose a convivir con el mal.

Pero creo que no se han dado cuenta de que la humilde Esperanza está oculta, agazapada porque el Mal, que es tumulto y vorágine, la hace casi invisible…

Sin embargo ahí está la Esperanza, al fondo de la caja, tímida y silenciosa, sabiendo que es lo último que queda para el género humano antes que el contenedor quede vacío.

POLO


Los polos se están derritiendo por causa del cambio climático que los calienta y en esa agua que termina en los mares seguramente nadan bacterias desconocidas y flotan virus ignorados…

No se trata de tener miedo sino de saber que somos asesinos y suicidas a la vez.