EL AZOTE DE DIOS


Era el nombre que le daban al rey de los Hunos, Atila, del que también decían que donde pisaba su caballo, no volvía a crecer la hierba…

Toda época tiene su propio Azote de Dios más o menos riguroso, pero este se percibe como el mayor habido nunca, por más que la Historia y las estadísticas demuestren lo contrario…

La diferencia con “antes”, me parece que se debe al empequeñecimiento del mundo en que vivimos gracias a la conectividad y a un verdadero estallido de las comunicaciones…

Hoy nos enteramos “on the spot” o con segundos de diferencia de lo que ocurre, sea importante o no. Conocemos la trastienda de una boda real y los testimonios de quienes sufren por hambruna en África; todo, absolutamente todo está al alcance de cualquiera, en casi cualquier parte, absolutamente mezclado.

Todavía recuerdo que mi madre me contaba que de los muertos y algunas incidencias de la Primera Guerra Mundial, ella muy pequeña se medio-enteraba (nació en 1913) por los comentarios de sus papás y tíos que a su vez se enteraban por el diario “El Pueblo”, o por alguna transmisión por radio de onda corta, allá en una Arequipa provinciana y por entonces bastante bucólica, que estaba a lo que hoy serían años luz de distancia de los aconteceres y con noticias que llegaban por lo general con meses de retraso…

Es tremendo, pero la globalizacion y el empqueñecimiento mundial a los que aludo, nos permiten a todos ser una especie de reporteros de guerra que si bien están a cubierto por completo del fuego enemigo, son testigos presenciales del dolor, del horror y de la muerte…

En realidad somos espectadores en peligro de este nuevo Azote de Dios que se llama Covid 19 o Coronavirus simplemente, que diezma a la población de un mundo al que destroza de un modo aterrador….

De pronto Madrid es la casa de al lado y en el piso de arriba queda Ecuador; los Estados Unidos son vecinos del parque de la cuadra siguiente y no existen rusos, chinos, israelíes, grupos “no contactados” o extraños en este barrio que se llama mundo y en el que todos sabemos lo de todos y la muerte, el Azote de Dios, disfrazada de virus, es una presencia cotidiana.

Sí, la muerte está cerca y las noticias hacen que esa proximidad se convierta en compañera inseparable por la noche y el día, mientras el caballo va pisando una tierra donde la hierba no crecerá más…