EL ULTIMO PAYASO


Cara blanca, cejas negras como el carbón, boca grande delineada en sonrisa permanente, nariz roja, de cómic, postiza y sujeta con un elástico a la cabeza que tocada con un bombin floreado terminaba como alojada en un cuello enorme con corbata verde que escondía una manguerita por la que salía un chorro de agua cada vez que reía.

Pantalon bolsudo, a cuadros, que le dejaba descubiertas la mitad de las piernas con medias a rayas verdes y blancas, sujeto por tirantes inmensos floreados también y unos zapatos gigantescos y flexibles de charol negro, completaban su atuendo de payaso que gritaba unos chistes trasnochados y burdos frente a al mar que furioso rompía en las rocas, sonando con lo que a él, Perinola, el último payaso, parecían aplausos…