LA MÚSICA


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Resultaba curioso, pero uno tras otro los habitantes del pueblo, sin importar que fueran mujeres, hombres, niños que podían hablar y ancianos tenían a flor de labios la canción; era la misma, una que nadie recordaba haber cantado o tarareado antes, pero que de pronto, esa mañana despertaron de su sueño a la hora que acostumbraban, con la canción idéntica para todos, en la cabeza, revoloteando como un pájaro.

 

Les pareció curioso y lo comentaron entre esposos, amigos, hijos, padres, tenderos, la florista, campesinos, vendedores de mercado, profesores y hasta los policías.

 

Nadie sabía el nombre de la canción, aunque era evidente que la conocían; la curiosidad dio paso a la preocupación porque por más que trataran de concentrarse en otra cosa, resultaba imposible.

 

Casi al medio día, el fenómeno comenzó a esfumarse y poco a poco no se acordaron y el olvido dejó un vacío chiquito en el recuerdo, como si faltara una pieza del rompecabezas.

 

Como no recordaban, los grandes se prepararon para ir esa noche al teatro, a ver la presentación de un mago que, en su propaganda, aseguraba maravillas.

 

El mago, vestido elegantemente de negro, salió al escenario y de pronto comenzó a sonar una música que a todos les pareció haber escuchado antes, pero no podían identificar cuándo ni dónde; era pegadiza y sonreían, mirándose y asintiendo con la cabeza.

 

El mago los miró, abrió los brazos y poco a poco se elevó hasta desaparecer de su vista…; el silencio dio paso a un murmullo de sorpresa, mientras el mago entraba, pasando por un costado y llevando discos para vender.

 

Discos que tenían la música del mago, que era la música que todos en el pueblo tuvieron en la cabeza hasta la mitad del día, que era la música que nadie recordaba y ahora recordaron, que era la música que llenaba el huequito del olvido y completaba el rompecabezas.

 

Vendió todos los discos: era música mágica.

 

Imagen: musingwithmarlyss.blogspot.com