LA DECISIÓN DE TEÓFILO


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Se llamaba Teófilo y nunca le pareció un mal nombre.

 

Con el paso del tiempo dejó de creer poco a poco, pensando que lo que le contaron en sus clases de religión eran puras patrañas.

 

Se sintió ateo, no creyó más en ese Dios “uno y trino” que lo veía y lo sabía todo: en la paloma, el anciano barbudo y el hijo que le sonaba a  contestatario, revoltoso y buenón…

 

Ateo, Teófilo, supo de casualidad el significado de su nombre, cuando en un crucigrama del tabloide de 50 centavos que estaba resolviendo concentrado mientras viajaba en el micro, vio que decía “AMIGO DE DIOS” y le faltaban dos letras para completar la palabra y era, curiosamente, su nombre lo que aparecía una vez terminada.

 

Teófilo se quedó pensando y se dijo que no podía ser, porque nadie es amigo de alguien en quien no cree, pero antes de tomar una decisión definitiva, decidió averiguar y entre curioso y escéptico (porque se consideraba esto último); apenas bajó se fue a una cabina de Internet y sentado frente a una computadora negra, marcó un buscador y en el sitio correspondiente escribió “Teofilo” y el aparato corrigió, poniendo un acento en la primera “o”…

 

Apareció un montón de posibilidades y hasta Teófilo Cubillas, futbolista apodado “El nene”, estaba.

Y allí al lado de un Teófilo que fue patriarca de Alejandría, decía “Amigo de Dios” / “Amado de Dios”, o sea que no solamente era amigo de quien él no creía, sino que este nadie” lo amaba…

 

Se cambiaría de nombre, en primer lugar, pero escogería con cuidado, por si las moscas, no fuera a ser que se enterase después de que se llamaba algo que no iba con él.

Imagen: Internet