CABEZA A PÁJAROS


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Cuando le dije a mi amigo Lucho que recesaba por un tiempo el blog porque estaba “con la cabeza a pájaros”; me preguntó qué era eso y le contesté que era lo que a mí me pasaba y es que no tenía la suficiente tranquilidad para escribir coherentemente y prefería parar un poco hasta que se clarificaran algo las cosas, para no escribir tonterías (en realidad, le dije: “para no escribir cojudeces”).

 

Me “retó” a que mi primer escrito fuera sobre la famosa frase y es sobre ella y alrededor de ella que escribo esto, agradeciendo que los pájaros hayan volado.

 

Según el diccionario de frases, “Tener la cabeza a pájaros” es una de origen español y significa ser una persona poco juiciosa; es decir una especie de atolondrado.

 

En mi caso, digamos que he hecho una interpretación personal y los pájaros de marras lo que hacen es oscurecer mi razonamiento y sin perderlo (o sea volverme loco), provocan que no hile bien las cosas: problemas varios me tenían con la cabeza a pájaros.

 

Buscando, encontré un poema de Pablo Neruda que se titula “Cabeza a pájaros” y que transcribo porque creo que él lo explica bella y claramente:

 

El caballero Marcenac
vino a verme al final del día
con más blancura en la cabeza
llena de pájaros aún.

Tiene palomas amarillas
adentro de su noble cráneo,
estas palomas le circulan
durmiendo en el anfiteatro
de su palomar cerebelo,
y luego el ibis escarlata
pasea sobre su frente
una ballesta ensangrentada.

¡Ay qué opulento privilegio!

Llevar perdices, codornices,
proteger faisanes vistosos
plumajes de oro que rehúyen
la terrenal cohetería,
pero además gorriones, aves
azules, alondras, canarios,
y carpinteros, pechirrrojos,
bulbules, diucas, ruiseñores.

Adentro de su clara cabeza
que el tiempo ha cubierto de luz
el caballero Marcenac
con su celeste pajarera
va por las calles. Y de pronto
la gente cree haber oído
súbitos cánticos salvajes
o trinos del amanecer,
pero como él no lo sabe
sigue su paso transeúnte
y por donde pasa lo siguen
pálidos ojos asustados.

El caballero Marcenac
ya se ha dormido en Saint Denis:
hay un gran silencio en su casa
porque reposa su cabeza.

 

Claro, yo no creo estar “cucú” (¡otra vez los pájaros!) como parece estarlo el caballero Marcenac, pero sí, mi detención como escribidor que se debe a que los problemas, como pájaros, aletean, pían y distraen.

 

Agradezco a quienes me siguen leyendo después de esta pausa y espero que los pájaros no vuelvan a bajar de los árboles o a escapar de sus jaulas, para venir a hacer nido en mi cabeza.

 

Imagen: anrocala.blogspot.com