DE FRESA, POR FAVOR


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El sol estaba en lo más alto en ese caluroso medio día de verano y la gente se arremolinaba frente al mostrador de la única tiendita que todavía tenía helados, por supuesto de una o dos bolas sobre el cono de barquillo crujiente; por lo menos todos soñaban con eso y la frescura de los sabores que no solamente les hacía la boca agua, sino que parecía darles energía, convirtiendo en una verdadera pesadilla de verano el llegar al pequeño mostrador, detrás del cual una viejecita se afanaba en atender, mientras un chico, que debía ser su nieto, cobraba, daba vuelto y “cantaba” los pedidos.

 

A punta de empujones y sofocos, llegó para pedir: “De fresa, por favor”, pagó con dos monedas y cuando el chico dijo en voz alta: “¡Fresa!”, la viejecita lo miró, miró al chico y dijo: “¡No nos queda!”; la desilusión se pintó en su rostro y se hizo un pequeño silencio, para reanudar de inmediato la puja verbal de los veraneantes que escuchaban lo que parecía significar inminente escasez.

 

“¿Me da de chocolate…?” La viejecita negó con la cabeza y dijo que tampoco quedaba. Pidió, casi con miedo, de vainilla y mientras el nieto miraba a la abuela, esta volvió a menear la cabeza en signo negativo y le dijo a nuestro ya desanimado personaje: “Solamente queda un sabor, pero no sé si le va a gustar…: es sabor sueño…”

 

Otra vez el silencio se hizo y se mezcló con el calor: “¿A qué sabe…?”, preguntó y la viejecita sonriente, le dijo: “Usted debe saberlo, si sueña por las noches…”

 

Imagen: eldelantalverde.wordpress.com

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.