ESCRIBO, LUEGO EXISTO


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He  escrito para publicidad y acerca de la publicidad casi toda mi vida; en realidad, toda mi vida como profesional que ya lleva 50 años, lo he hecho y si bien el trabajo de quien escribe para la publicidad es generalmente anónimo, a no ser que algún premio o especial mención proyecte una luz distintiva sobre el personaje, el hecho de “no aparecer” para el gran público, puede ser frustrante en el caso de ciertos espíritus que buscan el reconocimiento.

 

La mayoría de redactores publicitarios que conozco, sin embargo, saben que el anonimato es esencial, porque la “estrella” es el producto, servicio o cliente en nombre de quien escriben, al que le dan voz y modelan, resaltando sus cualidades y características; no es posible una supuesta guerra de “egos”, donde sobresalga más el que hace la publicidad que quien es publicitado. Esto arruinaría la comunicación, confundiendo al público.

 

Por eso es importante el anonimato y todo redactor publicitario debería entenderlo así, porque los “divos” no funcionan en una profesión basada en la comunicación, donde el papel estelar siempre será de otro.

 

Creo que entendí esto desde el principio y por eso me asombra que de vez en cuando aparezcan “genios” que creen que las luces son para ellos y merecen todos los reconocimientos y aplausos; no niego que sean bueno en lo que hacen, tal vez excepcionales, pero no pueden ponerse por delante de quien es el verdadero protagonista. Es impensable que eso suceda, pero pasa.

 

Bueno, que conste que no es falsa modestia la mía, sino solamente que durante toda mi vida profesional no se me habría ocurrido “estar en la foto” siendo el protagonista.

Digo, nomás.

 

Imagen: encabezamiento de mis hojas de texto