TODO REDACTOR PUBLICITARIO DEBE TENER EN CUENTA…


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Y ESO… ¿QUÉ ES?
Al redactor publicitario puede ganarle la tentación de usar palabras que suenan muy bien al decirse y se ven impresionantes cuando están impresas, pero que quien escucha o ve la publicidad no entiende y esto distorsiona o incluso puede anular la comunicación.

Las palabras complicadas y que no son de uso común resultan un verdadero estorbo y muchas veces se ponen para satisfacer el ego de quien lo hace, que busca así darse importancia, por ser el redactor publicitario un “conocedor” del lenguaje…

¡Qué lejos de acertar están aquellos que teniendo como misión el comunicar, lo que hacen es incomunicar!

La publicidad debería estar al alcance de todos y si bien no puede abdicar de ser didáctica, no lo puede ser de tal manera que sea incomprensible, sobre todo si utiliza “claves” o términos que solamente pueden ser descifrados por unos pocos.

Por favor, con esto no quiere decir que el lenguaje en la publicidad deba ser plano y pobre, pero los “culteranismos” hay que eliminarlos, porque los “ismos”, por lo menos en publicidad no son buenos y no funcionan para nada.

SER HOSTIL: LO PEOR QUE LE PUEDE PASAR A LA PUBLICIDAD

Cuando la publicidad deja de ser esa variedad de mensajes interesantes y útiles para el público y se vuelve repetitiva, anodina hasta la idiotez, totalmente prescindible y molesta, es cuando se vuelve hostil, no reúne las cualidades suficientes para ser admitida y se convierte en un enemigo que interrumpe sin piedad y crispa los nervios.

Quizá piensen que exagero, sin embargo, la cantidad de personas que detesta a la publicidad va peligrosamente en aumento, tildándola de plana, banal y para nada interesante; la culpa la tienen los propios publicistas que no saben ofrecer al público piezas creativas, que llamen la atención y motiven de modo positivo.

La repetición es una buena característica, pero si los mensajes son pobres y están desmañadamente realizados creyendo que lo “más atractivo” es un precio bajo o la inmediatez de una oferta, la publicidad será hostil y habrá traicionado a sus principios (y al público); si algo hay de fastidioso es un mosquito que zumba y si son miles los mosquitos, el fastidio se puede convertir en desesperación. Miles de mensajes publicitarios repetidos una y otra vez, que no ofrecen nada nuevo ni atractivo, son una verdadera peste; para los mosquitos hay insecticidas y para la publicidad anodina y hostil lo que hay es paciencia, pero esta tiene un límite.

 

Publicado por codigo.pe 15.1.2020.