¡PROVECHO! CONTIENE CARBOXIMETILCELULOSA SÓDICA, MONOOLEATO DE SORBITÁN pPOLIOXIETIENELADO, PUEDE CONTENER GLUTEN, MANÍ Y NUECES DE ÁRBOL


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En tercero de secundaria repetí el año, porque me “jalaron” en física-química y matemáticas, es decir en todo que suponía algo exacto; como resultado, tengo dos promociones de colegio y mucho más compañeros de clase que el común…

 

Desde hace algún tiempo mi manía por leerlo todo me ha llevado a observar las etiquetas de diferentes productos y a encontrar cosas por lo menos curiosas, cuando no palabras tragaléngüicas o contenidos insospechados.

 

Como me “jalaron” y en química soy un 0 a la izquierda, resulta que vengo comiendo y usando cosas extrañas, de nombres difíciles que para mí son arcanos, porque me da un poco de flojera ir a “san Google” cada vez que algo en una etiqueta llama mi atención; confío en que los que fabrican los productos no son genocidas, porque si lo fueran estarían liquidando a sus usuarios/ consumidores

/clientes y entre ellos estaría yo.

 

Por eso, uso y consumo en tanto confío, por más que me detallen ingredientes o componentes cuyos nombres harían palidecer a cualquier no graduado en ingeniería química.

 

Recuerdo la época en que uno compraba un helado de cono del heladero ambulante o cuando en la mágica caja de madera color azul clarito, con vidrios protectores (por si  –realmente- las moscas) que llevaba en equilibrio en la cabeza gracias a un rodete de tela, el turronero (ambulante también) y mostraba ante la chiquillería ávida, colocándola en un soporte que era  una X también de madera pintada de azul clarito, se vislumbraban deliciosos turrones casi anaranjados, rezumantes de miel color rojo o maravillosas frituras delgadas, crocantes y “globosas” (por efecto de la freidera), bañadas en la misma miel rojo-brillante que rellenaba los turrones y no nos pasaba nada luego, a pesar de ser unos ignorantes consumidores de delicias, que hoy ni siquiera se imaginarían comestibles…

 

Claro que de chicos nosotros, nuestros padres y nuestros abuelos no consumían una gran cantidad de productos salidos de fábricas de alimentos (en el caso de comida) en cantidades monstruosas, empacados individualmente o para consumo grupal/sostenido, tal y como hoy, nosotros, más viejos y nuestros hijos, nietos, sobrinos, sobrinos nietos y tal vez algún biznieto por ahí compramos/compran e ingerimos/ingieren alegremente,  como otrora nosotros los turrones, “bombas”, barquillos o helados de ambulante.

 

“Hay más conciencia” dirán algunos, “eran otros tiempos”, responderán otros y será verdad, porque ahora en cada producto comestible envasado hay información valiosa para la salud y si uno se pierde con los nombrecitos de los componentes allí está el “octógono” fácil de leer y notorio, informando que eso que se va a comer es ALTO EN GASAS SATURADAS o ALTO EN AZÚCAR o ALTO EN SODIO (sal, para los legos) y que hay que EVITAR SU CONSUMO EXCESIVO. Nos informan, nos cuidan y advierten…

 

Estoy seguro que nuestros abuelos y padres desconocían estas advertencias impresas (porque he dicho, consumían muy poco alimento salido de una fábrica) y lo que se comía en la calle era “sano” o tal vez “dudoso”, porque la comida de casa no solía tener ingredientes con etiqueta, salvo tal vez el sillau para el arroz chaufa o alguna salsa importada (mención aparte merece el AJI-NO-MOTO, que decía manifiestamente ser  GLUTAMATO MONOSÓDICO y todo el mundo sabía que era un “acentuador del sabor”) y era en verdad sanísima…

 

Nos preocupamos de la salud, nos preocupan el colesterol, los triglicéridos y tratamos de no tomar azúcar sino edulcorantes y preferimos las bajas calorías y las bebidas de dieta (que suelen contener ácidos, preservantes, saborizantes y colorantes); se preocupan por darnos aquello que queremos y que nos hace bien. Se preocupa papá gobierno, los fabricantes de comida en serie y nuestras mamás (aquellas que sobreviven). Nos preocupamos todos y cada vez hay más diabéticos, más intolerantes a la lactosa, más obesos y más muertos por males cardiovasculares. Se comen hamburguesas de soya (en vez de carne), lo vegano está de moda porque ser vegetariano es “passé” y los astronautas disfrutan de comida balanceada y deshidratada, además de píldoras alimenticias y claro, agua…

 

Dejo para no seguir alargando este post, aquello que nos ponemos encima y no ingerimos necesariamente, como cremas, lociones, talcos, ungüentos y demás parafernalia donde uno de los ingredientes suele ser AQUA, no agua simple y llana sino esa con Q, lo que les da un aura casi mágica.

 

Nota para los curiosos: Las palabritas raras son algunos de los ingredientes de una humilde paleta de helado… ¡Uuufff… qué calor!

 

Imagen: audioforo.com