SOÑANDO


SOÑANDO.png

La vaca estaba rumiando y soñaba con prados donde caminaba pastando al aire libre, haciendo sonar el cencerro que llevaba al cuello; grande y parsimoniosa se sabía dadora de esa leche que siempre ordeñaba el pastor antes de salir con la oveja muy temprano por las mañanas.

 

El ruido extraño, el llanto del Niño chiquitito que nacía, la trajo de regreso a la dehesa compartida con la oveja y el burro; pestañeó un momento y volvió a cerrar sus ojos para continuar rumiando y seguir con su ensueño de prados verdes, pasto fresco mojado por el rocío y libertad.

 

Movió la cabeza, se acomodó y el cencerro sonó como una campana.

 

Imagen: commons.wikimedia.org

 

Nota: No podía dejar de lado a la vaca, figura del nacimiento; lo que pasa es que ella estaba soñando y no quise interrumpir sus sueños.… Tal vez por eso participa tarde en esta pequeña historia, pero no hay nacimiento navideño sin vaca y al moverse un poquito, su cencerro puso la nota musical que faltaba.

 

Ya sé que, como la vaca, llego tarde, pero no quería dejar que el paciente animal quedara excluido y por eso, pensando que la Navidad debería ser –por lo menos en nuestros corazones- todos los días, es que esta pequeña historia y su nota (no la del cencerro) sino la escrita, aunque “fuera de fecha”, llegan.