LANA


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La oveja estaba en una esquina, abrigadita y pasando bastante desapercibida porque el burro y la vaca que eran más grandes, el uno andaba atento a los movimientos de los extraños y la otra dormitaba rumiando y quién sabe en qué ensueños se perdía.

 

El sonido despertó a la vaca de su plácido estado, al burro le hizo estirar el cuello para tratar de ver algo sobre el murito de piedras y ella, la oveja, vio como el Niño nacía y  quedó admirada porque recordaba que también había sido madre.

 

Había helada ese  amanecer, pero ella con su cubierta de lana se sentía bien y solamente la cara estaba fría; el recién nacido lloraba y la oveja pensó que la madrugada no tenía un clima adecuado para el que acababa de nacer.

 

Decidió entonces hacerle un regalo y caminó acercándose despacito hasta donde el Niño lloraba y tiritaba, miró al hombre y a la mujer y mansamente se echó bien pegada a Él, para calentarlo con su cuerpo y su lana…

 

Al rato el Niño calló, sonrió y metió su pequeña mano en la espesura blanca que estaba tibiecita.

Imagen: ww.freepik.es

 

 

Nota: esta pequeña historia aparece porque mi amiga Roma me comentó que leería con gusto algo sobre la oveja, que es tradicional en los nacimientos y se me ocurrió que el oro, el incienso y la mirra que obsequiaron los Reyes Magos, estaban bien, pero eran mundanos, les faltaba calidez y que no sería una mala idea que la oveja hiciera la primera ofrenda: su calor, su lana, ella misma.

¡FELIZ NAVIDAD!

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.