PERMISO, SOY PUBLICIDAD


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Es indudable que una historia, bien contada, te atrapa y francamente no importa que ya la hayas oído porque siempre le encontrarás algo nuevo que atraiga tu atención, aunque eso sea solamente un pequeño detalle.

Por eso es que las historias en los comerciales de televisión suelen tener tanto éxito y digo “suelen”, porque para captar audiencia y triunfar, deben ser historias bien contadas e interesantes, pero sobre todo, tienen que estar bien narradas y sé que esto no es fácil.

Tal vez por esto es que cada vez vemos menos comerciales que cuentan una historia, aunque sea por necesidad del tiempo en el medio, breve; breve pero interesante, o emocionante, o divertida.

Una historia, que a la manera clásica, tenga una exposición, un “nudo” al centro y un final. Todo simple, sencillo y complicadísimo a la vez en una época en la que parecen primar luminosamente palabras como “¡Compre!”, “¡OFERTA!”, “¡EXCLUSIVO!” o “¡IMPERDIBLE!”; todas con admiración, sonoras y rimbombantes. Es lo más fácil, lo más sencillo, lo más corto, pero también –y perdonen- lo más primario, aquello que no requiere pensamiento ni elaboración alguna para proponerlo o para entenderlo.

Una buena historia en un comercial de televisión no necesita ser enrevesada o fruto de elucubraciones estrambóticas, tampoco aspira a ganar un premio Nobel de literatura ni la Palma de Oro en el festival de cine de Cannes; es simplemente una corta historia, atractiva y motivadora.

Eso sí: TIENE que ser una buena historia y estar MUY BIEN CONTADA…

¿Será que es mucho pedir?

Imagen: www.sourcecon.com

Publicado en codigo.pe 17.12.2019

 

FIESTAS DE NAVIDAD


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Detestaba las fiestas de Navidad.

 

Desde chico, cuando les regalaban a sus amigos montones de juguetes a él siempre le tocaba ropa en los paquetes que estaban debajo del arbolito y tenían su nombre. Las tías, que venían a tomar lonche el 25, todas pericas y pintarrajeadas, entre besos y arrumacos, todas, le entregaban su regalo y este era indefectiblemente ropa. Pero no una ropa de baño, o un polo, sino camisas de cuello, corbatas, medias o calzoncillos.

 

Siempre era lo mismo, Navidad tras Navidad y mientras todo el mundo hablaba de paz y felicidad, el sentía rabia y frustración. Envidia al reunirse con sus amigos que mostraban la bicicleta nueva, los patines, el celular ultimito o algún juego divertido.

 

Creció y sus navidades fueron igual de textiles mientras vivió en su casa, con sus padres. En el colegio no destacó nunca y lo único que sabía era que la temporada navideña que era una alegre pre-playa para todos, para él era una triste temporada depre.

 

Terminó el colegio a duras penas porque no le gustaba estudiar y cuando sus compañeros se preparaban para ingresar a universidades o institutos, él se buscó un trabajo y sin pensarlo dos veces consiguió hacerlo como empleado de una gran juguetería.

Imagen: http://www.gifmania.com.mx