LA TOYOTUJA


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Se trata de un medio de transporte hallowinesco y brujeril: es una escoba que lleva a una persona a velocidades de hasta 30 kilómetros por hora.

Según la información, “recrea las características de las escobas de las brujas. Tiene un mango de metal y al final, lleva un cepillo en tonalidades azules que esconde una rueda.”

 

Presentada por la firma de automóviles Toyota en el Salón del Automóvil de Tokio, en realidad, la L-broom, que así se llama, no vuela, sino rueda y se auto propulsa. No sé bien cómo, pero lo hace y convierte en realidad el sueño brujeril de montar en una escoba y desplazarse aunque por ahora, por el suelo nomás…

 

Digamos que es una escoba para “entrenamiento”, mientras llega una voladora verdadera, que puede estar gestándose en las computadoras de visionarios ingenieros nipones y que ¡abracadabra!, surcará el cielo espantando pájaros y emulando a los aviones y helicópteros.

 

Imagen e información: Foto: Toyota / NotiPinolero.

EL INGENIERO


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Hoy, 26 de diciembre mi padre hubiera cumplido 116 años; era ingeniero mecánico-electricista e ingeniero civil. Escribía poesía, pintaba, tomaba, revelaba e iluminaba sus propias fotografías, leía todo el tiempo y siento que  puso la valla tan alta, que saltarla en esta carrera que es la vida, por lo menos para mí, resulta imposible porque escalar paredes verticales no ha sido ni es mi fuerte.

 

He escrito muchas veces sobre él, que sin quererlo, ha sido un ejemplo desde que tengo memoria. Un ejemplo en todos los campos menos en el de la música, para la que era sordo; era mi madre la musical de la pareja y a Manuel Enrique, fusas, corcheas y semifusas lo traían sin cuidado.

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Era religioso y mucho, pero no “cucufato”; se ganó el apodo de “el Obispo Laico” por su permanente trabajo desde la universidad, en la Unión de Estudiantes Católicos, en los diferentes grupos parroquiales, en la Acción Católica Peruana de la que fue presidente varias veces; también fue condecorado con la Orden de Malta, militó en los Caballeros de Colón, actuó como locutor oficial de diversos Congresos Eucarísticos en Lima, Arequipa y Trujillo. Era de misa dominical fija y donde iba daba testimonio de vivir verdaderamente su religión.

Recuerdo, ahora que ha pasado la Navidad, que todos los años, los 4 domingos de Adviento, en la mesa, a la hora de comer, en cada lugar había una tarjetita primorosamente dibujada (cada una con una ilustración distinta) y una oración para leer en común, extraída de algún evangelio que mi padre preparaba pacientemente, con el tiempo necesario…

 

Siempre me impresionó cómo la religión era parte totalmente integral de su vida y cada cosa que hacía era una ofrenda para él, sin importar lo que fuese y su alegría contagiosa nos hacía sentir cuánto disfrutaba.

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Recorrió el país construyendo carreteras, pasó –como se dice- “pellejería y media”, fue catedrático universitario, escribió un libro importante sobre pavimentos (una de sus muchas especialidades profesionales), pero sobre todo fue un padre justo, que nos enseñó a vivir a mis hermanos y a mí, sin necesidad de decir una palabra, predicando, verdaderamente, con el ejemplo…

 

Dejo para el final su relación hermosa con Tony, mi madre ambos están siempre presentes, acompañándome, caminando agarrados de la mano, por las calles de ese Barranco que miraba sonriente a dos ancianos que se querían tanto.

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SOÑANDO


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La vaca estaba rumiando y soñaba con prados donde caminaba pastando al aire libre, haciendo sonar el cencerro que llevaba al cuello; grande y parsimoniosa se sabía dadora de esa leche que siempre ordeñaba el pastor antes de salir con la oveja muy temprano por las mañanas.

 

El ruido extraño, el llanto del Niño chiquitito que nacía, la trajo de regreso a la dehesa compartida con la oveja y el burro; pestañeó un momento y volvió a cerrar sus ojos para continuar rumiando y seguir con su ensueño de prados verdes, pasto fresco mojado por el rocío y libertad.

 

Movió la cabeza, se acomodó y el cencerro sonó como una campana.

 

Imagen: commons.wikimedia.org

 

Nota: No podía dejar de lado a la vaca, figura del nacimiento; lo que pasa es que ella estaba soñando y no quise interrumpir sus sueños.… Tal vez por eso participa tarde en esta pequeña historia, pero no hay nacimiento navideño sin vaca y al moverse un poquito, su cencerro puso la nota musical que faltaba.

 

Ya sé que, como la vaca, llego tarde, pero no quería dejar que el paciente animal quedara excluido y por eso, pensando que la Navidad debería ser –por lo menos en nuestros corazones- todos los días, es que esta pequeña historia y su nota (no la del cencerro) sino la escrita, aunque “fuera de fecha”, llegan.

 

LANA


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La oveja estaba en una esquina, abrigadita y pasando bastante desapercibida porque el burro y la vaca que eran más grandes, el uno andaba atento a los movimientos de los extraños y la otra dormitaba rumiando y quién sabe en qué ensueños se perdía.

 

El sonido despertó a la vaca de su plácido estado, al burro le hizo estirar el cuello para tratar de ver algo sobre el murito de piedras y ella, la oveja, vio como el Niño nacía y  quedó admirada porque recordaba que también había sido madre.

 

Había helada ese  amanecer, pero ella con su cubierta de lana se sentía bien y solamente la cara estaba fría; el recién nacido lloraba y la oveja pensó que la madrugada no tenía un clima adecuado para el que acababa de nacer.

 

Decidió entonces hacerle un regalo y caminó acercándose despacito hasta donde el Niño lloraba y tiritaba, miró al hombre y a la mujer y mansamente se echó bien pegada a Él, para calentarlo con su cuerpo y su lana…

 

Al rato el Niño calló, sonrió y metió su pequeña mano en la espesura blanca que estaba tibiecita.

Imagen: ww.freepik.es

 

 

Nota: esta pequeña historia aparece porque mi amiga Roma me comentó que leería con gusto algo sobre la oveja, que es tradicional en los nacimientos y se me ocurrió que el oro, el incienso y la mirra que obsequiaron los Reyes Magos, estaban bien, pero eran mundanos, les faltaba calidez y que no sería una mala idea que la oveja hiciera la primera ofrenda: su calor, su lana, ella misma.

¡FELIZ NAVIDAD!

EL TESTIGO


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Soy burro pero no bruto y tengo…, veamos…. más de 2,019 años, lo que me hace histórico; eso es: soy un burro nada bruto e histórico.

 

Mi buena memoria recuerda que tenía pocos años cuando una noche se metieron en el lugar donde estaba acompañado de una vaca, una mujer y un hombre, bien tapados con sus mantos; ella caminaba con cierta dificultad, mientras el hombre llevaba lo que supuse era un atado de ropa.

 

La vaca rumiaba con los ojos cerrados, abstraída en sus pensamientos, mientras yo, con las orejas tiesas, estaba atento porque el hombre amontonaba paja y sobre ella ponía su propio manto; llevó suavemente a la mujer y la ayudó a echarse. No vi más porque me lo impedía un murito de piedras, pero al rato escuché un sonido extraño, que ahora, con la edad que tengo, sé que era el llanto de un niño…

 

La vaca mugió, dejando sus ensueños, mientras afuera empezó a clarear la mañana y no se me ocurrió en aquel momento que era el primer día de lo que los humanos llaman una Nueva Era”…

 

Imagen: laura-asensi.blogspot.com