SALSERÍN


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Tenía las orejas grandes  y de chico le decían “ventilador”, pero era un absoluto desorejado porque no le atinaba en cuestión de tonos ni de ritmos; por eso no cantaba y no podía bailar, porque como siempre decían sus amigos, tenía “dos pies izquierdos”.

 

En su trabajo le pusieron “Salserín” como apodo, pero no porque fuera un eximio bailarín de salsa, la cantara o supiera algo sobre ese invento puertorriqueño-cubano que hacía mover el esqueleto y desgañitarse a un público fanático y devoto del ritmo caliente. Simplemente era un negado para todo lo que fuera música.

 

Le pusieron la chapa porque en el restaurante donde entró a trabajar como barrepisos y lavaplatos, con el tiempo aprendió un poquito de cocina y le gustó especialmente la preparación de las salsas con que los clientes acompañaban la comida.

 

Especializado por el gusto y la costumbre, se dedicó a ello.

Claro, no sabía sobre la leyenda acerca de un zambo gringo llamado  Ernest Evans,  al que se le había ocurrido un baile que se llamó “Twist” y que se basaba en los movimientos que hacía, cuando antes de ser famoso y ser conocido como Chubby Checker, trabajara cortando y empacando carne.

 

Él era “Salserín”, por las salsas y no era famoso aunque sí bien popular en el restaurante del mercado.

 

Imagen: artes.uncomo.com

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.