Diálogos y opciones.


SENDERO BLOG

Consideraciones prácticas.

Una mujer llega a casa, abre la puerta y nada más entrar le pregunta a su marido:

-¿Has bañado al niño?
-Sí.

Se terminó el diálogo. El marido responde a la pregunta afirmativamente y ya no hay más que hablar.

Hay muchos sospechosos habituales en los diálogos. El más sospechoso es el diálogo que trata de parecer muy realista. Pero si tratan de transcribir una conversación real verán que se convierte en un diálogo largo, aburrido, incoherente, poco dramático y, sobre todo, poco significativo.
En el otro extremo está el diálogo que trata de ser tan significativo que no resulta creíble. El diálogo consiste en dos oradores alternando monólogos. O un orador filosofando y otro haciendo las preguntas precisas. Una de dos.
Se trata de encontrar un equilibrio entre el realismo y el significado.

dialogoOtras veces el diálogo afloja y se hunde por el centro

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NO HAY TALENTO…


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Tenía un taller de escritura creativa, escribía un blog y daba clases por las tardes en una universidad sobre literatura moderna.

 

Su comentario sobre el taller y las clases en la universidad era siempre que no sabía dónde se había ido el talento, porque los consideraba de mediocres para abajo a todos sus alumnos y decía que si no fuera por la paga… ¡De algo se tenía que vivir!

 

De su blog no comentaba nada pero se sentía orgulloso de lo que escribía y se comparaba, siempre con ventaja enorme, con los alumnos que le servían de sustento. “¡No pueden ser todos tan malos…!” le dijo un día un amigo que escuchaba sus quejas y por enésima vez, lo animaba a publicar, escuchando la misma excusa: “Todavía no estoy listo, pero cuando publique…”

 

Los alumnos del taller de escritura creativa, comentaban que nunca habían visto nada escrito por él que valiera la pena, porque el blog era un cúmulo de lugares comunes y “consejos para escribir mejor” que se podían encontrar en cualquier sitio. Opinaban que era un escritor mediocre, del montón y que seguían el curso porque ya lo habían pagado.

 

En la universidad, sus alumnos se quejaban de que improvisaba siempre, sin preparar sus clases hablaba y hablaba sobre libros y autores más bien desconocidos y cuando preguntaban algo, decía: “Interesante pregunta, pero la comentamos en la próxima clase…”; y como la siguiente clase era en dos semanas, la pregunta quedaba sin respuesta, naufragada en el olvido.

 

Se consideraba a sí mismo un escritor de vuelo, pero sin oportunidades; una especie de Balsac (lo escribía con “s”) en búsqueda permanente de editor.

 

Imagen: humorfutbolclub.com