LA TROMPETA DEL DESTINO


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Cuando niño le regalaron una trompetita de plástico rojo, con las llaves azul, rojo y verde. Era una buena reproducción y sonaba: ¡Cómo sonaba!

 

El tiempo, la curiosidad y la paciencia consiguieron que chiflidos sin sentido se fueran alineando y poco a poco, rudimentarios aires escuchados repetidas veces en el viejo tocadiscos empezaron a salir, primero dubitativos y con desafines propios de quien no sabe absolutamente nada de música ni de cómo se toca un instrumento que parece tan simple pero que es capaz de emitir complejos tejidos musicales. Es verdad que este era un juguete y no tenía ni por asomo las características de una trompeta “de a verdad”, pero sirvió para iniciar un sueño que los años, la práctica y una trompeta metálica de segunda mano hicieron realidad.

 

No hubo conservatorio ni escuela porque no había plata y hubo que moverse a las afueras porque los vecinos se quejaron y hacer sus solos verdaderamente solitarios, donde el único público eran el pasto, los pájaros que se habían acostumbrado a su presencia y el cielo que a veces parecía llorar y era cuando él regresaba a su cuarto para no mojarse…

 

Dormía con la trompeta vieja pero brillante, encima de la mesa donde comía, sobre un paño color púrpura que le había regalado una costurera vecina: “Para tu trompeta” le dijo y él supo que tenía un fan, a pesar de las protestas de los otros que lo obligaban a practicar lejos.

 

La costurera tenía treinta años y su vida estuvo unida al hilo y a la aguja desde siempre. Soñaba con ser modista de una gran firma y veía su nombre en las revistas de modas de su imaginación, vistiendo a estrellas sonrientes.

 

El trompetista y la costurera se hicieron amigos y ella empezó a acompañarlo a las afueras para formar parte del público de pájaros y pasto, bajo el cielo que ya no lloraba sino sonreía luminoso al verla a ella escuchar concentrada, con los ojos cerrados y una sonrisa bailándole en los labios la música que él sacaba de la vieja trompeta que era la heredera de una trompetita de plástico.

 

Sí, vivieron juntos: en el cuarto, ella cosía y él la miraba; en las afueras, él tocaba y ella cosía y sus sueños tenían música y estaban unidos maravillosamente por el destino.

 

Imagen: elmundodelatrompeta.com

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.