Donald Trump, prototipo de imbécil a escala planetaria


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En mi opinión no existe un Trump real. Lo que sugiero aquí es una modesta teoría sobre su persona: es un hombre espectáculo, un maestro del menosprecio, un payaso bobo sin ninguna consideración cívica; sexista, racista, xenófobo, aquejado de ignorancia selectiva, autoritario, demagogo, una amenaza para la República y un imbécil.

Trump (…) no tiene rival a la hora de desplegar las artes propias del imbécil.

Aaron JAMES, Trump: ensayo sobre la imbecilidad (2016)

Pin contra la candidatura de Donald Trump como Presidente, en 2016.

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COMO REDACTOR CREATIVO DE PUBLICIDAD, SOLITO ME JARANEO


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¿Quién dice que ser redactor creativo de publicidad es aburrido? Yo en el tiempo, que ya va por el medio siglo, que vengo haciéndolo no tuve ninguna oportunidad de aburrirme, porque siempre algo nuevo sucedía que reclamaba mi atención e impedía el bostezo.

Productos nuevos, clientes diferentes, mucho que aprender, investigación apasionante, conocimiento de usos y costumbres, ver cómo las ideas de uno toman forma, participar en el proceso, usar ese sentido tan poco común que es el sentido común, aplicándolo cada día en multitud de ocasiones…

¿Aburrirme… como redactor creativo de publicidad? ¡Nunca ha habido tiempo para eso!
Cada proyecto nuevo ha sido un desafío y cuando creí haber triunfado en uno, se presentaban cuatro más…

No se trataba de mirar al techo mirando pasearse a alguna mosca mientras pensaba. Siempre fue cuestión de barajar opciones, descubrir oportunidades, encontrar caminos.

La creación publicitaria impide el aburrimiento porque implica tanto antes de escribir una palabra que es cuando se comprende que el redactor tiene una mochila llena, un maletín de mano y un canguro, repletos todos de elementos que ha ido recogiendo y que va a elegir conforme los necesite.

He dicho muchas veces que es una maravillosa aventura, porque internarse en territorios desconocidos, por más que uno lleve brújula, es siempre arriesgarse, hay que moverse con cuidado y estar alerta todo el tiempo. Hay que pensar a mil y actuar rápidamente.

A pesar de usar las palabras todo el tiempo, ellas no bastan para describir lo que se siente: esa mezcla de curiosidad, emoción, confianza en uno mismo y todo lo que se siente cuando se empieza un encargo creativo.

¿Aburrirme…? ¡Qué va…!
Nunca he tenido tiempo para eso.

Publicado en codigo.pe 29.11.2019

SAN GOOGLE


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Debía ser sencillo y sin embargo las palabras le decían una cosa y resultaba que significaban otra. Eso primero era e desconcierto, luego la incredulidad,  después la furia y como no había como desquitarse con nadie, juraba no volver a utilizar la palabra que él consideraba ambigua, que lo dejaba en ridículo.

 

Sobrestante, por ejemplo, cuando la oyó por primera vez, creyó que era decir que algo  estaba encima del estante y se sorprendió mucho cuando le dijeron que era el capataz de una obra. Apenas llegó a su casa, lo primero que hizo fue ir hasta su computadora y buscar en Google el significado para verificar si no era una broma y ahí estaba:

 

Sobrestante.

Esta palabra proviene del latín.

– Capataz (persona encargada de unos operarios).

– Capataz mayor de una obra.

 

¡Con razón…,  él de latín no sabía nada!

 

 

Imagen: trasterovivo.com

JUEGOS DE PALABRAS


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A veces vemos comerciales de televisión o escuchamos avisos de radio en los que se nos proponen juegos de palabras que uno tiene que descifrar para entender el mensaje y si no acierta… ¡perdió! Como si la publicidad fuera un juego, uno donde ganar no significa nada, porque a la menor dificultad en la comprensión, el público mueve el dial, cambia de canal o se va a otra cosa.

Hay muchos “creativos” que creen (y que no crean) que el público está atento a su mensaje y en capacidad para inmediatamente responder a una especie de “quiz” ingenioso que en realidad es como un espacio en blanco en la escritura y que rompe la claridad del mensaje, siendo, en vez de atractivo, un ahuyentador de la atención.

Creo que lo que sucede es que se trata de decirle al público objetivo “Mira qué inteligente soy…” y sentirse paternalmente superior, porque de otra manera no entiendo cuál es la función de algo que complique de tal manera lo que se quiere expresar, que lo anule.

La publicidad, lo he dicho antes, no es un juego de adivinanzas o de interpretación en lo absoluto. Es algo totalmente serio que propone y recomienda, sirviendo, cuando está bien realizada, como un motor.

No es que la publicidad tenga que ser aburrida y únicamente informativa, por el contrario, lo primero que tiene que hacer es ATRAER, pero con algo que el público entienda y no con acertijos o retruécanos que pasan por ser ingeniosos y lo que producen es un bostezo y pérdida de atención.

Evitemos los juegos de palabras.

Publicado en codigo.pe 27.11.2019.

SALSERÍN


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Tenía las orejas grandes  y de chico le decían “ventilador”, pero era un absoluto desorejado porque no le atinaba en cuestión de tonos ni de ritmos; por eso no cantaba y no podía bailar, porque como siempre decían sus amigos, tenía “dos pies izquierdos”.

 

En su trabajo le pusieron “Salserín” como apodo, pero no porque fuera un eximio bailarín de salsa, la cantara o supiera algo sobre ese invento puertorriqueño-cubano que hacía mover el esqueleto y desgañitarse a un público fanático y devoto del ritmo caliente. Simplemente era un negado para todo lo que fuera música.

 

Le pusieron la chapa porque en el restaurante donde entró a trabajar como barrepisos y lavaplatos, con el tiempo aprendió un poquito de cocina y le gustó especialmente la preparación de las salsas con que los clientes acompañaban la comida.

 

Especializado por el gusto y la costumbre, se dedicó a ello.

Claro, no sabía sobre la leyenda acerca de un zambo gringo llamado  Ernest Evans,  al que se le había ocurrido un baile que se llamó “Twist” y que se basaba en los movimientos que hacía, cuando antes de ser famoso y ser conocido como Chubby Checker, trabajara cortando y empacando carne.

 

Él era “Salserín”, por las salsas y no era famoso aunque sí bien popular en el restaurante del mercado.

 

Imagen: artes.uncomo.com