NO HAY FECHA QUE NO LLEGUE NI PLAZO QUE NO SE CUMPLA


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Nunca creyó que llegaría la fecha en que se cumpliría el plazo porque tenía el convencimiento de que no pasaría nada, todo seguiría como antes y nadie se daría cuenta.

 

Continuó con su vida, aunque sabía que era culpable y se mentía a sí mismo diciéndose que era inocente…

 

Como era verano y le gustaba ir a la playa para bañarse en el mar, esa mañana se tendió al sol y disfrutó del calor sobre la piel y el airecito que soplaba para hacer fresco el momento.

 

Como siempre, había buscado una playa alejada donde nadie lo molestara mientras leía la novela que lo tenía absorbido por esos días; dejó el libro sobre la toalla y corrió al encuentro del mar, que estaba tibio. Se zambulló y nadó hacia adentro. De pronto se hundió en el agua y a pesar de su desesperado braceo no hubo remedio.

 

En la playa, sobre la toalla, bajo el airecito que aumentaba y lo llenaba de arena, quedó el libro titulado, curiosamente, “La fecha final”.

Imagen: blog.anfix.com