LOS MEDIOS CRECEN, LA CALIDAD…¿BAJA?


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Es una pregunta que me hago hace mucho tiempo, viendo las posibilidades de los medios para llegar siempre a mayor audiencia, crecer en gran manera y constatar a la vez que los contenidos son de calidad menor que antes; y esto creo que se extiende a los contenidos publicitarios que muestran una “profundidad menor” a pesar de los adelantos técnicos existentes, que son netamente superiores a los antiguos.

Lo digo no por “mandarme la parte”, sino que he vivido personalmente la aparición y uso de los nuevos medios y su uso en publicidad: Sin ser actor sino espectador, vi los pininos de la televisión en blanco y negro y sus comerciales en directo, cuando el mínimo error se notaba de inmediato y solo las repeticiones permitían subsanarlo. Fui también partícipe, en mis comienzos profesionales, de los comerciales hechos en film blanco y negro en los que hombres como Henri Aisner, Alfonso Maldonado, Nicolás Smolij y tantos otros cineastas comerciales de la época, ponían su talento e inventiva para lograr verdaderas maravillas con cámaras que hoy nos parecerían de juguete y fui testigo de cómo siempre, la técnica estaba al servicio de las ideas.

Estuve también participando en los primeros comerciales que se imprimían electrónicamente en video tape a colores, abarataban costos y aceleraban la producción; hacerlos era sencillo y barato para que la técnica primara a veces, desgraciadamente, sobre las ideas.

Después volvió el cine comercial a color en film, se perfeccionó en calidad inmensa el video tape y se lo hizo ubicuo, fácil de transportar y bastante barato (comparado con el film y su proceso), hasta que ahora es difícil para ojos no entrenados diferenciar calidades y las ideas volvieron al lugar principal, teniendo la técnica a su servicio.

Pero observo desde hace algún tiempo que la pirotecnia y los embellecimientos de audio y los visuales “tapan” a las ideas, haciéndolas poco identificables. Me hace acordar cuando Panamericana televisión trajo el “Cubicom” y lo metía en todo, aunque no fuera necesario, porque era “único” y “moderno” e inclusive haber recibido en la agencia en la que trabajaba a un ejecutivo de esa empresa televisiva que ofrecía el producto y hacer la parte técnica de los comerciales, ellos mismos, a precios inferiores de los del mercado.

Finalmente la computadora lo facilitó y abarató todo y ya no importaron las ideas sino los efectos especiales, la rapidez y la “magia”.

Técnica sobre contenidos. Mensajes que se pierden, plata que se tira a la basura y lo que es característico de la publicidad, LOS MENSAJES, si te vi… ¡No me acuerdo!

Publicado en codigo.pe 23.10.2019.

LA COLMENA, EL LADRILLO Y EL TRANVÍA


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Escribo, a raíz de esta fotografía que me hizo llegar Carlos, compañero de clase en mi aumentada promoción escolar, para agregar un ingrediente más a la “máquina de recordar” y como suelo decir, “gatillar” su funcionamiento.

 

Cualquier ex alumno del colegio de La Inmaculada en Lima, sobre todo si tiene sus añitos, verá que se trata del edificio del colegio, hecho exteriormente de ladrillo, un tranvía que pasa y la avenida La Colmena…

 

De los tres ingredientes, uno ya no existe y es el tranvía. Ese transporte público democrático, ordenado, movido por electricidad, era un tejido que interconectaba la ciudad y los balnearios, traqueteante, con vagones autónomos casi siempre pintados de color gris, aunque había alguna “línea”, digamos ruta, que los tenía verdes y eran más pequeños. Algunos llevaban otro coche acoplado y recuerdo también que se podía subir a algunos que luego, eléctricamente, subían la grada del pescante y cerraban las puertas con un “chisss….” Característico al reiniciar la marcha. La “Compañía Nacional de Tranvías”, CNT por sus siglas que estaban pintadas de rojo oscuro a los costados de los “carros”, que así se solía llamar a los vagones, prestaba un buen servicio de transporte, necesario en la Lima que crecía, todavía sin conocer aún de microbuses y asardinamientos de hora punta.

 

Alguna “línea” estaba conectada a al servicio adicional de ómnibus, que cubría una zona donde el tranvía terminaba su ruta y a estos ómnibus no muy grandes se les llamaba “el urbanito”. Si no me equivoco, el costo del pasaje del “urbanito” estaba incluido en el del tranvía, pero francamente no tengo la certeza porque seguramente los engranajes de mi “máquina de recordar” tienen un poco de óxido…

 

Los conductores del tranvía iban de pie, adelante y empuñaban un “timón” que era una palanca y la hacían girar, mientras los rieles guiaban el recorrido y el vehículo recibía la fuerza motora de la electricidad por un “trole” (del inglés “trolley”, que en el caso de los tranvías debería ser “trolley pole” –la vara del trolley- que es el tranvía propiamente traducido) o sea el conducto que llevaba la fuerza motriz hacia la ruedita que hacía contacto con el cable eléctrico; el circuito se cerraba con el contacto del tranvía con los rieles…

 

El tranvía tenía alternativamente “adelante y atrás” según la dirección en que fuera, porque los comandos los tenían iguales en ambos lados y los espaldares de los asientos de los pasajeros se podían variar en posición para que siempre miraran “al frente”.

 

Perdonen esta larguísima disquisición sobre los tranvías de mi infancia, esos de los que en una “línea” cubría de Lima a Chorrillos (ida y vuelta) por la avenida Pedro de Osma, a la vuelta de mi casa, atronándola medio “terremóticamente” para los que no tenían costumbre; esos que “gorreábamos” para tratar de no pagar pasaje y eran parte del paisaje y esperábamos con excitación poniendo sobre los rieles, chapitas metálicas (tapas corona) de gaseosa para que las aplastara y así, aplanadas, usarlas como “run-runes” en nuestros “combates infantiles de run-run”…

 

Ofrecidas mis disculpas, por ahora llego hasta aquí, porque los otros dos elementos del título alargarían esta entrada para el blog y prometo volver pronto sobre ellos para “completar”. Entonces, haciendo funcionar de nuevo la “máquina de recordar”, iremos hasta una segunda parte que espero -contrariamente a lo que se dice- sea buena.