EL FLACO, LA RUFINA Y EL PESO


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El “flaco” presumía de sabérselas todas y lo que no supiera se lo inventaba; resultaba insoportable porque siempre tenía una respuesta o alguna acotación que hacer.

 

Tenía que decir la última palabra usando una entonación que, según é, no dejaba lugar a dudas y quería poner el punto final en toda conversación en la que participara, arguyendo que lo asistía la razón.

Pero encontró la horma de su zapato, que se llamaba Rufina; enamorado, cedió al principio, fue callando poco a poco mientras asentía con la cabeza, para – finalmente- inmóvil y con la mirada fija, dejar de hacer acotaciones, de poner puntos finales y de reclamar razones.

 

Rufina fue su ruina porque era igual que él de alegosa, discutidora y terminante, pero veinte años más joven y con 100 kilos de peso.

 

 

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.