TANTAS VECES PEDRO


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O Gonzalo, Arturo, Marianela o cualquier otro nombre, porque es lo que seguramente piensa un redactor publicitario cuando por enésima vez le piden cambios en el texto, que lo rehaga, o que trabaje uno nuevo….

Es que es así, porque va a trabajar sobre lo mismo una y otra vez, cosa para la que tiene que estar preparado, no tener “hard feelings” y como se dice en criollo, “apechugar nomás”.

Si el “borrón y cuenta nueva” repetido no va con él, mejor que se dedique a otra cosa porque va a sufrir mucho y tal vez llegue a detestar a los ejecutivos de cuenta y a odiar lo que hace.

Sí, no es sencillo admitir que lo que se hizo tiene alguna falla y hay que hacerlo de nuevo, aunque se lo digan cortésmente: “Mira, está bien, pero YO le cambiaría…”. Es entonces cuando el redactor piensa: ”Ya, pero TÚ no eres yo…”.

Hay que asumir y comprender que uno puede hacerlo mejor. SIEMPRE puede hacerlo mejor, pero en publicidad hay que tener en cuenta el factor tiempo y este por lo general no juega a favor del redactor y digo redactor porque eso he sido prácticamente por 50 años y conozco bien la tela.

Si contara las veces que he tenido que descartar, reformar o reescribir textos y titulares, estoy seguro que el resultado sería infinito; es verdad que con el paso de los años fue reduciéndose enormemente el número, supongo que por la práctica y esa especie de “aura” que tiene un redactor viejo (vamos a llamarlo “prestigio”) y que lo pinta como alguien “que sabe” y “debe hacer las cosas bien”, pero así y todo, siempre las correcciones, por pequeñas que fueran, me han seguido.

Hablo pues (bueno, escribo) con conocimiento de causa y tengo la seguridad que mis colegas están de acuerdo en que “las genialidades” no existen y sí un rehacer, modificar y trabajar… ¿Alguien dijo que la redacción publicitaria era un “lecho de rosas”? Si lo es, por favor, que alguien le quite las espinas.

Publicado en  codigo.pe  8.10.2019.