LOS ENCARGOS DIFÍCILES


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El grado de dificultad en la comunicación publicitaria de los productos varía, desde aquellos que solamente con verlos se te ocurren cosas y su información lo único que hará es reforzar la idea creativa o esos otros que casi producen dolor de cabeza al mirarlos.

Siempre, entre los diferentes clientes habrá alguno para el que trabajar es verdaderamente eso elevado a la enésima potencia y muchas veces lo que aparentemente es muy simple, encierra las mayores dificultades.

Están esos productos sobre los que prácticamente “se ha dicho todo” y que no presentan novedad alguna y aquellos que ofrecen tantas cosas que priorizar alguna es un problema; o los que se estrellan con creencias asumidas y generalizadas o los que entran en la categoría de “es difícil que sea verdad tanta belleza”.

Cada redactor/a tiene su “bestia negra”, o sea el producto difícil, el que le produce pesadillas, el que va dejando de lado “mientras se le ocurre algo” y sin embargo, siempre hay que enfrentar la realidad que está ahí y “exprimir el cerebro” porque se espera que la publicidad produzca maravillas, aunque las musas se hayan ido de la ciudad.

PUBLICADO EN codigo.pe 4.10.2019.

EL SUEÑO DEL DESCACHALANDRADO


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La camisa abierta, fuera del pantalón sucio que un día fue verde claro y ahora era de tono gris incierto, fruto de limpiarse las manos en él, los zapatos que nunca habían visto el betún y menos una escobilla o un trapo, acumulaban una historia que incluía agujero en la suela del correspondiente al pie derecho, una pita por pasador en el izquierdo y descosidos varios.

 

Siempre fue descuidado en su aspecto y la madre le decía “mi descachalandrado”, palabra nunca se molestó en averiguar, pensando que era un nombre cariñoso que su madre tenía para él…

 

Creció y con los años el descuido se tradujo en comentarios a sus espaldas, risas contenidas y soledad, porque si alguien se acercaba a conversarle, su aspecto producía retiradas inmediatas.

 

Interiormente se ufanaba de nunca haberse ahorcado con una corbata y ahorrar en ropa y lavandería; nadie sabía –porque con nadie se juntaba- que su sueño era irse a vivir a una colonia nudista donde sería no el descachalandrado, sino un calato más.

 

Imagen: http://www.hotelogix.com