NO HAY FECHA QUE NO LLEGUE NI PLAZO QUE NO SE CUMPLA


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Nunca creyó que llegaría la fecha en que se cumpliría el plazo porque tenía el convencimiento de que no pasaría nada, todo seguiría como antes y nadie se daría cuenta.

 

Continuó con su vida, aunque sabía que era culpable y se mentía a sí mismo diciéndose que era inocente…

 

Como era verano y le gustaba ir a la playa para bañarse en el mar, esa mañana se tendió al sol y disfrutó del calor sobre la piel y el airecito que soplaba para hacer fresco el momento.

 

Como siempre, había buscado una playa alejada donde nadie lo molestara mientras leía la novela que lo tenía absorbido por esos días; dejó el libro sobre la toalla y corrió al encuentro del mar, que estaba tibio. Se zambulló y nadó hacia adentro. De pronto se hundió en el agua y a pesar de su desesperado braceo no hubo remedio.

 

En la playa, sobre la toalla, bajo el airecito que aumentaba y lo llenaba de arena, quedó el libro titulado, curiosamente, “La fecha final”.

Imagen: blog.anfix.com

 

EL ORÁCULO


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El tiempo le daba la razón.

Siempre le había sucedido y sus “predicciones” que solamente eran sentido común, a la vista de acontecimientos y sus detalles, eran corroboradas a veces con resultados dolorosos.

 

Se acostumbró a que no le creyeran y poco a poco guardó sus opiniones para sí, compartiéndolas raramente porque nadie -la experiencia se lo decía- se tomaba el pequeño trabajo de analizar lo que sucedía, revisar los pasados y sacar conclusiones.

 

Los que lo conocían y escuchaban, le decían “el Oráculo”, sin embargo no le creyeron cuando los dijo que se moriría pronto: descreyeron.

 

Es que los oráculos existen para siempre y si no ahí tienen, junto al Parnaso, al mítico Oráculo de Delfos, que originalmente se llamaba Pito; pero claro, él no era mujer y prefería morirse a que le dijeran Pito, sobre todo cuando, como dicen, ya ni soplaba.

 

Imagen: revistadehistoria.es

 

PIYAMA PARTI


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La invitación decía “PIYAMA PARTI”,  o sea una “piyamada”, una reunión de esas en que todo el mundo hablaba toreando al sueño, mirando como las agujas del reloj dejaban atrás unas horas y avanzaban otras haciendo de la noche madrugada y anunciando la mañana para alguna resistente…

 

“PIYAMA PARTI”, decía, y era la primera vez que la invitaban – aunque no lo supiera- por puro interés, para ver en realidad si esa primera de la clase tan rara, podía ser parte del grupo y así les “soplaba” las respuestas en los exámenes que eran inminentes…

 

“PIYAMA PARTI” decía el papelito escrito a mano y con su nombre, pero no iba a ir, porque no tenía pijama y dormía con un camisón viejo de percal…

 

Imagen: http://www.vix.com