LÍMITES


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El límite que tiene la publicidad es la voluntad del consumidor porque aunque se diga que “la publicidad es capaz de todo”, no podrá hacer nada si el destinatario no quiere, por más “sugerente” y “perfecta” que sea no lo quiere.

Todas esas historias del “hechizo” de la publicidad y de una “ciencia infalible” del convencimiento, son verdaderas necedades que niegan la capacidad de discernimiento y decisión del ser humano.

Nunca me cansaré de decir que lo que la publicidad hace es atraer, sugerir, si quieren “enamorar”, e informar y que todos sus argumentos, sean estos escritos, visuales, “ocultos” y hasta musicales, se estrellan, se detienen, se encuentran con una barrera que el mismo ser humano puede poner.

Nunca, en mis cincuenta años en la profesión he logrado que alguien que no quiere haga algo, porque se tiene la capacidad de optar y me parece que es un engaño eso del “poder omnímodo” de la publicidad…

La publicidad no lleva la mano del comprador a elegir y luego a comprar algo. Hay un proceso en el que intervienen la conveniencia, el ofrecimiento, la sugerencia y la atracción, como ya lo mencioné, pero de ahí a otorgarle a la publicidad algo que es imposible que haga…

PUBLICADO EN codigo.pe 23.9.2019.

EXCESOS


EXCESOS

No lo sabía, pero el asesino venía a su encuentro y moriría tontamente, convertido en un accidente, porque según las noticias, por ser de madrugada y una calle solitaria el escenario, nadie había visto nada hasta que lo encontraron tirado en la pista, con el cráneo roto y una postura dislocada, probablemente atropellado.

 

Eso decían: “probablemente atropellado” y “accidente” decían, pero el asesino mandaría a planchar la abolladura en un tallercito lejano y el crimen quedaría impune.

 

Les echarían la culpa al exceso de velocidad, al exceso de alcohol y nadie se preocuparía en exceso.

 

Imagen: http://www.abc.com.py