Durmiendo con el enemigo


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PADRENUESTRO


 

PADRENUESTRO

El mar y los vientos forjaron su rostro adusto y melancólico; es que allí estaban tallados los peligros de una vida viajera y el añorar su pueblo, que entre las montañas, dormía placentero.

 

Llegó al mar como han llegado muchos: empujado por la sed de aventuras y atraído por el canto de las olas que como las sirenas, lo llamaban.

 

Sus ojos se llenaron de lugares extraños en donde el tiempo se había detenido, convirtiendo en iguales las mesas de los bares y las risas pagadas; sin embargo prefirió siempre al mar que como espejo se enfurecía a veces y rompía en pedazos los días incontables.

 

El rostro endurecido no podía esconder que en su mirada, sobre el barullo de los puertos, existían montañas que nunca más vería, callecitas torcidas que como amigas viejas lo llevaban a lugares oscuros…

 

Mientras el sol mojaba la cabeza al ocultarse y teñía de sangre los recuerdos, el marinero pensaba que a esa hora, en su pueblo, un padrenuestro esperanzado y viejo volaba hasta el cielo.

 

Imagen: http://www.fondoshd.com