CASCIARI TIENE RAZÓN


 

¡ASÍ ES, CASCIARI…!

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A

LUNA


LUNA

Abajo, la inmensidad del mar estaba iluminada.

Un mar que no tenía ni comienzo ni fin; un mar sin olas porque no había costas donde ir a morir.

 

Arriba, la Luna parecía un enorme agujero de luz.

La Luna, compañera nocturna de aventuras de una Tierra que todavía no era, o había sido pero no existía nadie que guardara memoria.

 

No había costas, ni olas, ni memoria: solo estaba la Luna que se miraba en el mar; mar, que inmóvil, miraba hacia la Luna sin poder reflejarse.

 

Imagen: clmoreno.4.wordpress.com