YO TE PAGO Y DIGO LO QUE QUIERO


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Más de una vez el profesional de la publicidad debe haber escuchado de algún cliente esta frase, porque siempre aparece aquél que cree que el dinero lo puede todo y que se compra hasta la Verdad, si se da el caso.

Quizá levantarán una ceja al leer esto y dirán que es una exageración, propia de una campaña de satanización y desprestigio de la actividad publicitaria, pero la realidad es que sucede y a mí, personalmente, me ha pasado.

Hace mucho tiempo un importante personaje llegó con el pedido de comunicar para su producto algo que no era cierto, tanto que una somera investigación promovida por lo extraño de la solicitud, lo demostraba; no se trata aquí de mencionar nombres, pero sí de sacar lecciones de algo que ocurre con quien menos uno piensa.

En una reunión a la que asistí como director creativo, al exponerle al cliente lo que considerábamos como una falta de veracidad de lo informado para sustentar la solicitud, dijo directamente: “¿Ustedes no hacen publicidad? ¿No es eso decir lo que el cliente les pide…?”; lo dijo directamente y nos mencionó que estaba dispuesto a invertir una buena suma de dinero para hacer la campaña, pero en esos términos, que no consideraba mentirosos.

Se le argumentó que probablemente había otros aspectos positivos que resaltar y que no engañaran al público, pero él insistió mencionando que la cuenta completa dependía de so y que otras agencias estaban tocando a su puerta.

La conclusión de este hecho es que perdimos la cuenta completa porque la agencia, por boca de su gerente, se negó en redondo al insólito y tramposo pedido; a decir verdad, nunca vi usado el famoso argumento falaz y espero, hasta hoy, que el cliente se convenciera de que la publicidad no funciona cuando se chasquean los dedos y como dicen que pasa en el ejército, se cumplen las órdenes “sin dudas ni murmuraciones”, porque lo que el señor se creía con derecho a dar eran órdenes.

Quizá se crea que esto es un cuento para reforzar que la publicidad podrá embellecer algo real y positivo pero no mentir, sin embargo me sucedió a mí, personalmente y es una muestra de que de haberlo… ¡lo hay!

Publicado en codigo.pe 30.8.2019.

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PASA CUANDO SUCEDE


PASA CUANDO SUCEDE

Estoy seguro que a todos nos ha pasado más de una vez el equivocarnos de fecha y creer que era un lunes cuando la realidad ponía jueves o que el 25 se convierte por arte de birlibirloque en 23…

 

Pues a mí me acaba de suceder el que dijera miércoles por un día que en realidad era martes (equivocándome en día y fecha), hasta que me entró la duda, miré el fechador de la pantalla de la computadora que ponía “martes”, quise corroborar desplegando el calendario del mes y dudando aún y temiendo una desconfiguración de la máquina, acudí al calendario de cartón que tengo guardado en mi billetera, para comprobar que… ¡el de error era yo, porque era martes y no miércoles!

 

Pedí disculpas por escrito a quienes recibieron la equivocación, diciendo –lo más jocosamente posible- que “estaba adelantado” o que “había ganado un día”; pero la verdad es que el cerebro me jugó una pequeña pasada, de esas a las que tal vez debería acostumbrarme, porque se suelen producir desde mis tres infartos cerebrales, los que deben haber apagado algunas luces neuronales para ahorrar corriente eléctrica…

 

Confundir u olvidar fechas puede ser tomado socialmente como una malacrianza o causar sorpresas (como eso de aparecerse un día cualquiera con un regalo, cuando el cumpleaños del receptor es dentro de cinco meses, por ejemplo) pero en lo personal, sí creo que hay que acostumbrarse, aducir ser un desmemoriado y habituar a los amigos y parientes a que las fechas “señeras”, no nos hacen seña alguna.

 

De pronto es una condición de la edad, pero esta especie de intemporalidad, aunque no deseada, no tendría que ser tomada a la tremenda sino como prueba de que uno crece y las neuronas, microscópicas y tantas, se confunden, se pierden y necesitarían tal vez un geoposicionador para encontrar la ruta…

¿Cuál?

 

NOTA: Publico aquí esta entrada, luego de publicarla hace unos días, en mi otro blog, franco d´terioro (francodterioro.home.blog) porque tiene poquísimas vistas; de pronto aquí la miran más…

 

Imagen: bombasoju.wordpress.com

 

CUANDO EL PRODUCTO ES LA VIDA


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En mi caminar como creativo publicitario me ha tocado participar en miles de campañas, crear miles de guiones, escribir más de cien mil avisos y material para publicidad de muy diverso tipo para innumerables productos, marcas y servicios, pero francamente nunca me he sentido mejor y más a gusto que cuando se trataba de la Cruz Roja, la donación de órganos o de sangre, la lucha contra el cáncer, además de algo para crear conciencia sobre la ecología.

Recuerdo vivamente alguno de los pedidos que venían a las agencias en las que trabajé, llenos de esperanza porque confiaban que la comunicación publicitaria pondría de su parte todo lo que sabía para luchar por la Vida, no solamente la humana, sino esa Vida que nos permite a todos, siendo parte del planeta, existir.

Publicitar productos, marcas o servicios es lo usual, por eso cuando se presenta una oportunidad para hacerle publicidad a entidades o emprendimientos que no buscan el lucro sino crear conciencia sobre un tema de tanta y capital importancia como es la Vida, no solamente es un deber hacerlo sino un verdadero placer.

Mi experiencia personal –y disculpen que la mencione, pero ha sido personalmente vivida- cuando dictaba el curso “Proyecto de Publicidad” en la universidad Católica, más gratificante era comprobar como los alumnos recibían y desarrollaban con verdadero entusiasmo y comprobado éxito la tarea semestral que consistía en desarrollar campañas reales del llamado “bien social”, en las que, con clientes que eran entidades que no podían pagarse comunicación y difusión publicitaria y que seleccionábamos al iniciar el curso, durante seis meses, aplicarían REALMENTE lo aprendido en las aulas.

Era de ver cómo se relacionaban con los solicitantes para obtener información, procesarla, crear las campañas y trabajar para obtener que salieran a la luz en medios que colaboraban desinteresadamente y la reacción positiva de las entidades que eran beneficiadas por grupos de estudiantes de último año de Comunicaciones (especialidad de Publicidad) que ponían verdadero empeño profesional en algo importante, que no fuera un champú o una mayonesa – sin que hacer publicidad para productos sea “malo”- que sería el tipo de publicidad más común que efectuarían durante su carrera.

Es que, perdónenme, pero personalmente creo que no hay nada más importante que la Vida.

Publicado en codigo.pe 29.8.2019

Imagen: “Violencia en España/encuesta” publicada por codigo.pe

EL PASADO, PISADO


EL PASADO PISADO

Había decidido olvidar su pasado porque le ponía mal recordar lo que consideraba momentos no gratos, de dolor o de vergüenza.

 

El pasado era como una mochila cargada de ladrillos que le impedía caminar libremente y correr si quería porque a cada rato, como una vieja película mil veces vista, lo malo regresaba para teñir de sombras el día más luminoso.

 

Un día se recordó de niño, querido por familia y amigos, recordó juegos, bicicleta y veranos, partidos de fútbol y un cumpleaños con regalos; se sorprendió con los recuerdos y esa noche, al quitarse los zapatos vio que uno tenía un agujero en la suela, entonces comprendió que por la pequeña abertura se había colado ese trozo feliz del pasado que trataba de pisar para que desapareciera.

 

Imagen: http://www.chefdenterprise.com