PERICUTANCIA


PERICUTANCIA

Suena curioso, tal vez al nombre de la hembra de algún extraño animalito recién descubierto en las selvas de Borneo…

 

Durante mi vida de creativo publicitario, que este diciembre cumple cincuenta años, me ha tocado “crear”, “inventar” o armar palabras que por lo menos sonaran como nuevas; por supuesto que este es el trabajo casi diario en ese campo, pero los escritores –llamémosle como todos- serios, también lo hacen y los periodistas (que no es que no sean escritores ni serios) por supuesto; diría que todo el mundo lo hace pero no se da cuenta que está innovando en algo que parece rígido y tiene reglas.

 

Siempre he pensado que las reglas están hechas para romperse y hay que hacerlo no solamente cuándo se necesite sino cada vez que no se dañe a nadie con ello; recuerdo a un amigo algo mayor que yo, con el que viajamos a Puno y que –muy proper él- no decía lisuras, pero tenía un par de palabras que supongo había inventado, que sonaban fuerte aunque no creo que significaran nada: “recojoñogrón” y “recontrapijoñetas”, dos expresiones muy sonoras y olorosas a España (mi amigo en ese entonces estudiaba para jesuita y allí los españoles eran mayoría) que dichas con el énfasis y en el momento adecuado parecían “tacos”…

 

Pericutancia” no es otra cosa que la mezcla de “pericote” y “circunstancia” aunque confieso que no conozco las circunstancias de algún roedor casero, a no ser que vea uno caído en una trampa y diré que su circunstancia es de muerte; pero por supuesto que cuando se me ocurrió esa palabreja no pensaba en óbitos ni trampas para ratones sino que brotó así, como un nombre cariñoso para Alicia, quien era mi enamorada y hoy es mi esposa: o sea que “Pericutancia” tiene más de 50 años…

 

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