TRAPECIO


TRAPECIO

Era increíble porque parecía volar; el trapecista, en lo alto de la carpa hacía que todos los cuellos de los asistentes mantuvieran las cabezas con la cara mirando hacia arriba y que las bocas estuvieran abiertas o con los labios apretados por la emoción y el miedo; los ojos inmensos obligándose a mirar y el silencio solo roto por un redoble de tambor que acompañaba las evoluciones, maromas y el aterrizaje en una cuerda por la que caminaba hasta el otro trapecio que lo subía para que pudiera volver a volar, todo esto sin red de protección hacía que cada noche la ovación fuera inmensa y él la agradeciera haciendo una gran venia pero sin haberla escuchado nunca, porque era sordo.

 

Imagen: mx.depositphotos.com

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.