LOS VIEJOS FUTBOLISTAS


LOS VIEJOS FUTBOLISTAS

 Juegan fútbol verbal entrada la mañana y desde mi ventana oigo sus historias; no los veo, pero por sus voces cascadas y los nombres –de los cuales alguno patea en mi recuerdo y mete gol- corrieron los noventa minutos cuando el deporte se celebraba con sudor, cervecitas heladas y esa picardía que ponía sal y pimienta a las jugadas.

 

Nunca fui aficionado al fútbol y recuerdo haber ido a estadio una vez, creo que allá por el  ´58, con mi hermano mayor y sus amigos Paco, el Cholo, Gino, el Seven y tal vez –no es que recuerde tanto, porque son muchos los años que pasaron- también estaban Lucho y Carlos, mis amigos de siempre; creo que se jugaba un sudamericano y no entendí mucho, pero tal vez ganó el equipo peruano porque después del griterío en el “coloso” (grande para su época) todo fueron celebraciones y festejos; lo que sí quedó grabado en mi memoria del único partido profesional, en un estadio, al que he ido en mi vida, fue un vendedor que recorría pregonando empanadas de carne y que decía: “¡Empanadas de carne a cincuenta y un premio al que encuentre la carne…!”; nunca llegué a saber si era una manera de “curarse en salud” si alguien protestaba por la cárnica ausencia o quizás la manera graciosa de ofrecer su producto.

 

Volviendo a los antiguos futboleros cuyas voces entran por mi ventana, escucho sus anécdotas y cómo cada uno –es evidente- fanfarronea y cuenta hazañas que tienen a la redonda por estrella y a ellos como detentadores de la fama; hoy es sábado, el sol está tratando de perforar las nubes y los dos viejos futbolistas seguramente esperan que aparezca, redondo y amarillo, como esa pelota de cuero que fue su compañera de aventuras, la amante que ambos compartieron pero jugando en diferentes canchas.

 

Imagen: http://www.esha.es

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