LA BELLA RONCANTE O NIEVES, LA BLANCA


LA BELLA RONCANTE

La bruja, disfrazada de viejecita buena, conversando, como quien no quiere la cosa le invitó una manzana que se veía apetecible y ella, distraídamente la mordió: de inmediato hizo efecto el hechizo y se durmió sin saber que no despertaría porque la bruja, que era mala, envidiosa y artera como cualquier bruja que se precie de serlo, tenga una escoba voladora, un gato negro como fiel mascota y un espejo parlante y mentiroso, había recitado el conjuro 36 sobre la fruta, convirtiéndola en eterno somnífero porque no soportaba que hubiera una mujer más bella que lo que era ella, que se consideraba el súmmum en cuestión de belleza, en la casa de al lado.

 

 

Bella Nieves (nombre compuesto y puesto por unos padres que deseaban bella a esa hija que nació con la primera nieve del invierno y que era tan blanca como ella) durmió y durmió, hasta que un príncipe, disfrazado de cobrador de la luz (disfraz algo necio allí, pues era un pueblo que se alumbraba con velas y cocinaba con carbón porque la electricidad no se había inventado todavía) entró subrepticio y orando mentalmente, para que no lo confundieran con un intruso caco y dejando en la mesa de la entrada el maletín marrón en el que previamente había colocado unas facturas arrugadas (por la compra de sacos de carbón), se deslizó hasta el cuarto donde plácidamente dormía el sueño eterno la hechizada y siguiendo el guion, aunque confundiendo un poco las historias, se emocionó hasta que una lágrima le surcó la mejilla para luego inclinarse y reverente e instantáneamente enamorado, depositó un candoroso beso sobre los labios apenas entreabiertos de la durmiente dama…

 

Bella Nieves abrió los ojos y su apenas esbozada sonrisa se tornó en una mueca al ver, ya bien despierta, que a su lado roncaba el Julio, su marido (que afirmaba siempre que ella era la que roncaba como un tren de sierra) ése que aún después de treinta y cinco años de casados no podía ni preparar café…

 

Se dio cuenta que todo había sido un sueño en el que se mezclaban sus dos curiosos nombres con dos cuentos antiguos para chicos, que no existe ningún príncipe azul ni tampoco las brujas ni las princesas encantadas: quién le mandaba pues soñar con tonterías en vez de levantarse más temprano y darse una vigorizante ducha antes de preparar café…

 

Imagen: http://www.guiainfantil.com

 

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.