MORTAL ACTIVIDAD NOCTURNA


mortal actividad noctura

La oscuridad iba a dejar paso a esa claridad lechosa que se transformaría poco a poco en mañana brillante y los voladores nocturnos buscaban las cavernas donde la luz no llegaba y el día era noche siempre; las alimañas que reptaban y correteaban por las piedras huían en busca de los mismos antros donde descansarían hasta que sus relojes biológicos les indicaran que era ya la hora de salir nuevamente en busca de presas y tratar de no serlo de los voladores que, hambrientos, se lanzarían en picada sobre lo que se moviese al descubierto.

 

La mañana mostraría el paisaje árido y pedregoso, sobre el cual no llovía nunca y lo único líquido era la sangre fría y negra que corría por las extrañas venas de los habitantes de ese mundo nocturno; allí, tomarían tierra –porque de alguna manera había que llamar al montón de pedruscos- los que no sabían que la noche era muerte: venir del sol, no les daba ninguna experiencia.

 

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