ENVIDIA


 

Le tenían envidia, eso era evidente para él porque siempre estaban atacándolo por una u otra cosa; no podía hacer nada, ni dar un paso sin que alguien hiciera comentarios al respecto que los medios publicaban de inmediato.

 

Le tenían envidia por su fama, porque había conseguido lo que nadie, por su suerte con las mujeres y el encanto personal que desplegaba; era envidia la que provocaban su palabra fácil, su carisma magnético, hasta su gran estatura y el conocimiento que presumía tener del alma humana.

 

Envidia era lo que les provocaba por su memoria elefantiásica, su habilidad para salir indemne de embrollos apretados y airoso de toda situación que lo comprometiera; una envidia tan pura y tan mortal era la que sentían hacia él y hacia sus cualidades que creía innegables que nunca se dio cuenta cuando derribaron sus estatuas haciéndolas pedazos y creyó que los gritos de la turba que llegaban a través de la ventana encortinada, eran vítores.

 

Salió al balcón sonriendo y levantó los brazos, pero una pedrada le acertó en la frente y lo que él hubiera considerado una casualidad, producto de la envidia, lo mató.

 

 

Imagen:  “El Rey Sol”  http://www.saberia.com