PASTILLAS Y VENGANZA


PASTILLAS Y VENGANZA

En casa siempre le decían que se quejaba por nada, pero ya los calmantes que tomaba religiosamente cada seis horas no le hacían efecto; fue al médico y este lo examinó, le prescribió análisis y una marca distinta de analgésicos, que dijo eran que más potentes y para tomar cada doce horas, después de haber comido; recomendó que evitara el alcohol, el café y que era mejor si no fumaba.

 

Esto último era en vano, porque nunca lo había hecho; salió con su receta y el papel que indicaba los análisis que debería hacerse; llegó a la casa pero antes pasó por una farmacia y lo miraron antes entregarle lo que decía la receta: 12 pastillas; pagó, dejó la receta que se la quedaban y ya se iba cuando le pasaron la voz porque estaba dejando también el papel con el pedido de análisis.

 

Esa noche, después de comer, tomó la nueva pastilla, dijo buenas noches y se fue a su cuarto: sabía que no se haría los análisis, tomaría las pastillas hasta que se acabaran y no volvería al médico.

 

Pensó que le quedaba una semana o algo más de vida y que no valía la pena quejarse si le dolía: total, se iba a morir y así además de ya no dolerle nada dejaría en ridículo a su mujer y a su cuñado que no le creían.

 

Imagen: pharma-jonpi.blogspot.com